martes, 3 de octubre de 2017

Cuerpos, pulsión de muerte (Pierre Klossowski: fantasmas del deseo)





Colaboro en el nuevo número de la revista-libro Shangrila con un texto sobre el filósofo y arstista francés Pierre Klossowski:


Klossowski, Les barres parallèles IV, 1976
La influencia intelectual y artística de Pierre Klossowski puede rastrearse en la obra de pensadores franceses (Gilles Deleuze, Michael Foucault, Maurice Blanchot o Jean-Francois Lyotard), escritores (Mario Vargas Llosa o Juan García Ponce), cineastas (Raúl Ruiz) o artistas (Bernardí Roig). Pintor, escritor, traductor de Hölderlin, Wittgenstein o Heidegger, comentador de Sade y Nietzsche, cercano a George Bataille y André Gide, Pierre Klossowski se definía a sí mismo, antes que nada, como un monomaniaco: “hablando con propiedad no soy ni un filósofo, ni un novelista; tan solo un simple particular, que bajo la coerción de una monomanía, antaño se puso a describir su experiencia con la única ambición de comunicarla de la manera más precisa”. (1) Esta manía en la obra de Klossowski tiene nombre propio: Roberte. Como escribió en el Posfacio que cierra la edición de Les lois de l’hospitalité, sus pensamientos giran alrededor de esa palabra convertida en signo único de su obra que conforma el fondo de su pensamiento monótono. (2) El nombre de Roberte se sitúa en la frontera entre el azar y la necesidad, el deseo y el signo: “remite a la puesta en escena de una significación que se niega en cuanto es comprendido, un contenido que solo conserva su valor cuando el significado es vano.” (3) A partir de este nombre, Klossowski trata de exorcizar “la conspiración del silencio” que anula la experiencia singular en la generalidad del lenguaje cotidiano. Este es el tema que recorre su obra: la oposición entre el código general y la experiencia singular e incomunicable del deseo. El pensamiento de Nietzsche será fundamental para Klossowski a partir de los años 60. Con él, y a través de él, descubrirá la posibilidad de comunicar lo incomunicable. El concepto de incomunicabilidad debemos entenderlo como el principio según el cual el ser de un individuo no puede atribuirse a varios. Los únicos momento en los que se deshace son o bien cuando el individuo muere, y el alma y el cuerpo se disocian, o en situaciones en las que la persona alcanza un éxtasis sublime, como el orgasmo. La trilogía de Roberte trata de manera paródica el tema teológico de la incomunicabilidad entre identidades personales. (4) Y lo hace vinculando la teología con la pornografía, mostrándonos lo pornográfico y lo perverso que siempre ha acechado al pensamiento teológico. (5)

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