martes, 13 de diciembre de 2016

La extinta poética, de Eusebio Calonge y Paco de la Zaranda

Escrita por Eusebio Calonge y dirigida por Paco de la Zaranda, en La Extinta Poética encontramos una utilización de la estética de lo grotesco—lo cómico absoluto según Baudelaire— mezclada con lo sainetesco para reflejar la precariedad de unas vidas anestesiadas por la (psico) farmacología. Lo grotesco se presenta como la mueca social de una familia al borde del pasmo de la idiotez dentro de la amarga realidad de la fábrica de la infelicidad del capitalismo[1]. El malestar de unas existencias desahuciadas aparece reducido a una cuestión clínica donde las pastillas que toman son el pharmakon, tanto la cura como el veneno, de su desesperación y de su largo historial clínico. «El problema es que cuando me pongo nervioso me tengo que tomar unas pastillas que me tranquilizan, y estas pastillas me afectan los intestinos que me sangran, entonces tengo que tomar otras píldoras que me corten la hemorragia pero que me debilitan los huesos que se me acaban partiendo y pensar en todo esto me pone nervioso…», explica el padre durante un monólogo que expresa de manera tragicómica el carrusel de los efectos secundarios de unos fármacos que en lugar de mejorar su vida la empeoran.

En la obra hay una apelación a la tragedia shakesperiana de Ofelia reinterpretada por Heiner Müller en su Máquinahamlet (Die Hamletmaschine, 1977) como una figura femenina que se libera de su trágico destino. En La Extinta Poética, Ofelia es una retrasada tetrapléjica que intenta escapar de su miserable condición y de su grotesca realidad familiar a través de la creación artística. Su inesperada danza final después de salir de esa grúa hospitalaria que suspende su cuerpo inútil es la manifestación de lo bello que se esconde detrás de lo grotesco: un momento subjetivo de liberación superior donde el hombre se transciende por encima de su realidad haciendo frente a la miseria simbólica[2] de la existencia. El arte aparece como liberación, transcendencia y autonomía, como una dimensión en la que los seres humanos ya no permanecen bajo las normas de lo establecido.

Con La Extinta Poética, Eusebio Calonge y Paco de La Zaranda proponen una recuperación del idealismo estético en una época de crisis y precariedad. Este, como explicaba Peter Bürger, puede entenderse como un esfuerzo por superar el aislamiento y la desesperación epocal [3]. La idea puede resultar atractiva para todos los que nos oponemos a la vulgarización estética de la izquierda de ayer y hoy, como una crítica marcusiana[4] al revival de la ortodoxia marxista que rechaza la estética en favor de la praxis política y la participación ciudadana o la reduce a un instrumento de concienciación. La poética extinta a la que alude el título de la obra tendría que ver entonces con la necesidad de restablecer el potencial político y liberador de la estética vulgarizado por la estetización de las industrias culturales y menospreciado, cuando no criticado, por el marxismo ortodoxo y el populismo de izquierda; pero también con recuperar la dimensión estética como espacio de autonomía donde el ser humano niega su alienación y combate su precariedad existencial, como un espacio de superación del principio de realidad y transcendencia vital. Pero la respuesta al marxismo estético y a la indigencia cultural no puede ser un retorno hacia el idealismo como la enésima salvación de lo bello, defendiendo su actualidad y su dimensión utópica-antropológica como una especie del baile del cisne feo.

Lo bello ya no testifica ninguna necesidad de liberación del ser humano frente a sus limitaciones, no abre un espacio de libertad antagónico. Lo bello, parafraseando la conocida frase de Rilke, no es hoy sino el comienzo del kitsch, entendiéndolo como una ocultación de todo lo que la vida tiene de inaceptable bajo la pátina de lo 'bonito'. El potencial político de la estética ya no puede residir en la afirmación del instinto de vida y la libertad interior, como una dimensión de satisfacción de que aquello negado en la realidad de los individuos. Este idealismo que concibe la estética como una dimensión emancipadora y la creación artística como afirmación de la libertad, además de insuficiente para sacar a los individuos de esa miseria simbólica de la que habla Stiegler, es uno de los elementos clave de los que se ha apropiado el capitalismo contemporáneo para convertirnos en artistas de nosotros mismos.[5]



[1]  Franco Berardi: La fábrica de la infelicidad. Madrid: Traficante de Sueños, 2003.
[2] «Por miseria simbólica entiendo la falta de individuación que resulta de la falta de participación en la producción de símbolos, que designan tanto los frutos de la vida intelectual (conceptos, ideas, teoremas, saberes) como los de la vida sensible (artes, destrezas, costumbres). El presente estado de falta de individuación generalizada solo puede conducir a un desmoronamiento simbólico, es decir al colapso del deseo». En Bernard Stiegler: De la misère symbolique. Flammarion, 2013, p. 19.
[3] «Como no puede encontrarse el sentido de la existencia humanan ni en las relaciones vitales ni en las representaciones religiosas, debe crearse un ámbito social en el que pueda producirse un sentido: la institución arte». En Peter Bürger: Crítica a la estética idealista. Madrid: Visor, La balsa de la medusa, 1996, p. 40.
[4] Herbert Marcuse: La dimensión estética: critica de la ortodoxia marxista. Madrid: Biblioteca Nueva, 2007.
[5] «Un componente esencial del romanticismo idealista es la aspiración a una autoexpresión fáustica, es decir, la comprensión de uno mismo como un proyecto que a través de la autoexploración emerge desde la subjetividad para transformar el mundo […] En el capitalismo contemporáneo, el complemento o incluso el sustituto del éxito material es la construcción activa de un yo estéticamente admirable, la intensificación de la experiencia. Más que en empresarios de nosotros mismos, nos hemos transformados en artistas de nosotros mismos». En César Rendueles: En Bruto: Una reivindicación del materialismo histórico. Madrid: Catarata, 2016, pp. 23-24.

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