jueves, 3 de septiembre de 2015

Mirad malditos, satisfaceos con tan bello espectáculo...





«yo creo en algo que he escuchado cierta vez; Leoncío, hijo de Aglayón, subía del Pireo bajo la parte externa del muro boreal, cuando percibió unos cadáveres que yacían junto al verdugo público. Experimentó el deseo de mirarlos, pero a la vez sintió una repugnancia que lo apartaba de allí, y durante unos momentos se debatió interiormente y se cubrió el rostro. Finalmente vencido por su deseo con los ojos desmesuradamente abiertos corrió hacia los cadáveres y grito: Mirad malditos, satisfaceos con tan bello espectáculo...»( Platón: Diálogos IV: La República, Madrid, Gredos, 1986, p. 234).

«Esa mirada perpleja de un niño famélico o herido que se dirige a la cámara, perdida e inconsciente de lo que está sucediendo alrededor - una niña somalí hambrienta, un muchacho de Sarajevo cuya pierna ha sido arrancada por una una granada-, es hoy la imagen sublime que cancela todas las demás imágenes, la primicia tras la cual están todos los reporteros gráficos.» (Slavoj Žižek: Las metástasis del goce: seis ensayos sobre la mujer y la causalidad, Buenos Aires, Paidós, 2003, p. 316).

«La imaginaria proximidad del sufrimiento infligido a los demás que suministran las imágenes insinúa que hay un vínculo a todas luces falso, entre quienes sufren remotamente – vistos de cerca en la pantalla del televisor- y el espectador privilegiado, lo cual es una más de las mentiras de nuestras verdaderas relaciones con el poder. Siempre que sentimos simpatía sentimos que no somos cómplices de las causas del sufrimiento, nuestra simpatía proclama nuestra inocencia así como nuestra ineficacia» (Susan Sontag: Ante el dolor de los demás, Madrid, Punto de lectura, 2003, pp. 116-117).

«que los diarios y las cadenas de televisión/ del mundo entero /sólo muestran muertes/ y lágrimas / pero por otro lado también es cierto/ que los que permanecen mirando la televisión/ ya no tienen más lágrimas para llorar/ han olvidado cómo mirar.» (Jean-Luc Godard: Histoire(s) du cinéma, Buenos Aires, Caja Negra, 2003, p. 127).

2 comentarios :

Sergio Sánchez dijo...

Hace años lo hubiese hecho pero hoy no he sido capaz de ejercer de catedrático de semiótica en las redes sociales, que es algo que siempre nos ha gustado demasiado a algunos y sigue gustando. El poder de una imagen así me tiene muy desbordado y desconcertado y se me escapa todo posible análisis condenatorio o aprobando su utilidad política (en la que no creo demasiado). Demasiados intereses comerciales y de poder, demasiada complejidad, de nuestra psique social y de nuestro entorno. Lo mejor que has podido hacer es lo que has hecho, dar la palabra a los que han dedicado su vida a pensar en ello. Yo sólo he querido significarme aquí ante tu acierto, porque como ciudadano soy demasiado pasivo como para alzar la voz y agitar lo que a veces parece un trapo sucio que nos da nuestro amo para jugar como aplicados pastores alemanes.

Horacio Muñoz Fernández dijo...

El problema que tiene este tipo de imágenes es que siempre provocan dos corrientes de opinión: por un lado, están los que piensan que son una especie de velo para huir o protegernos de lo que pasa, y por otro, los que piensan que nos ayudan a enfrentarnos a la cruda realidad directamente. Para mí, el problema no es tanto la imagen del niño muerto como el uso que los medios hacen de él con la vieja excusa de que es necesario mostrar esta imagen con el fin de despertar las conciencias dormidas de los espectadores o los lectores, y así promover una actuación a nivel ciudadano o político para que esto no vuelva a suceder. Esa idea de que la visión de una imagen intolerable e indignante nos mueve a la indignación se presenta como moralmente crítica y no es más que una forma de espectáculo morboso. Los medios actúan un poco como los famosos collage de la serie Bringing the War Back Home de Martha Rosler (véase Balloons) que tanto critica Rancière en muchos de sus ensayos: nos quieren hacer creer que la imagen intolerable del niño muerto es lo que no queremos ver para seguir cómodamente sentados en nuestros hogares. Es decir nos debemos sentir culpables al mirarla pero para ello debemos estar convencidos previamente. Los medios actúan un poco como el arte crítico: creen que se pasa de la visión del espectáculo a una compresión del mundo y de una compresión del mundo a una acción provocada por la indignación que suscita esa visión intolerable de la realidad. En el arte resulta como poco inocente y estúpido pensarlo, en los medios a esa valoración hay que añadirle que, como bien señalas, juegan dentro de una lógica puramente espectacular cuyos fines todos conocemos de sobra.

Mucas gracias por tu comentario Sergio.
Un saludo