sábado, 25 de abril de 2015

E agora? Lembra-me, de Joaquim Pinto



¿Por qué alguien decide exponer su enfermedad públicamente? ¿Por qué muestra su cuerpo enfermo y débil en una sociedad en donde la enfermedad normalmente solo suscita estigma y repudio? ¿Sigue siendo el VIH un tabú en occidente? Estas pueden ser algunas de las preguntas que suscite la última película de Joaquim Pinto: E agora? Lembra-me. Diario filmado, documental autobiográfico, ensayo fílmico en donde el cineasta expone su enfermedad y su sufrimiento durante un duro periodo de tratamiento experimental para intentar curar la Hepatitis C provocada por el virus del VIH. A través de lo íntimo y lo personal, el cineasta busca hacer de su padecimiento algo público. No pretende suscitar en el espectador la compasión de su sufrimiento como convertir el dolor de su cuerpo enfermo en sujeto público. Esta siempre ha sido la forma de activismo en el arte corporal asociado a la enfermedad. Por este motivo con la película que más similitudes guarda E agora? Lembra-me es con Silverlake Life: The View From Here (1993), de Tom Joslin y Peter Friedman. En este íntimo y emotivo documental en vídeo se reflejaba la temporalidad cotidiana y el deterioro corporal que producía el SIDA en la pareja del cineasta. La exposición personal y autobiográfica del VIH y VHC busca la visibilización de lo privado, la enfermedad y su padecimiento. Sin embargo las imágenes de Pinto no tienen esa cruda instantaneidad del vídeo de Silverlake, en donde la muerte estaba muy presente desde el inicio de la película. La mirada de Pinto es más poética y vitalista, muestra una visión organicista del mundo y la naturaleza en donde el ser humano ha sido el último en llegar a la tierra pero será el primero en desaparecer por sus actos irresponsables.




En E agora, lembra-me? la enfermedad ya no es una cuestión privada sino que también afecta socialmente. Para Pinto la humanidad está enferma pero no tiene cura. La analogía entre la situación íntima y la global es básicamente verbal. Una (pobre) metaforización que nos convierte a todos en enfermos con la que el cineasta portugués busca trascender lo autobiográfico y lo personal. Las reflexiones sobre el sentido de la vida también resultan completamente prescindibles. Las imágenes contrastan con la grandilocuencia de algunas de las frases filosóficas del cineasta que intentan barnizar con profundidad su diario filmado. Pinto debería haberse ceñido a la filmación de la temporalidad cotidiana de la enfermedad, a la evocación de sus recuerdos de una larga carrera cinematográfica,  a su relación amorosa con su marido Nuno y a su atenta mirada de entomólogo. El activismo a través de la debilidad corporal y de la pasividad del sufrimiento eran más que suficientes para mostrar cómo la salud es siempre una cuestión económica, por el coste de los tratamientos, pero también porque el cuerpo enfermo es siempre un cuerpo improductivo; no tenemos que volver releer a Foucault para saber que al cuerpo enfermo se le excluye porque no es apto para los aparatos de poder. Con su enfermedad Nuno perdió parte de su autonomía, y por supuesto parte de su vitalidad, pero su mayor dependencia supuso un reconocimiento del mundo, de lo que le rodea y de quienes le rodean. La verdadera política de la película no procede de la denuncia verbal del estado del mundo, sino a través de la filmación personal del padecimiento y del sufrimiento cotidiano ocasionados por el virus. Para Joaquim Pinto la verdadera cura del mundo solo puede hacerse desde la asunción de la propia enfermedad.