lunes, 23 de febrero de 2015

Southland Tales (2007), de Richard Kelly


Southland Tales (2007), de Richard Kelly, explora las consecuencias políticas y las paradojas de la aceleración y temporalidad contemporáneas. En palabras del filósofo americano Steven Shaviro, trata «el sentimiento de la temporalidad en crisis y la temporalidad como crisis». Comienza con las imágenes procedentes de un vídeo amateur filmado por unos niños en una fiesta en el Día de la Independencia del 2005 (4 de julio). Después se escucha una gran explosión y la imagen registra un enorme hongo nuclear emergiendo en el horizonte. Unos terroristas han detonado una bomba nuclear en Texas. Miles de personas murieron y los Estados Unidos quedaron al borde la anarquía después de esa Hiroshima en suelo norteamericano. La película se desarrolla tres años después de estos ataques, en 2008. La guerra contra el terror ha provocado la III Guerra Mundial. La esquizofrenia por la seguridad llega a cotas nunca imaginadas (o sí): todas las comunicaciones son vigiladas por un organismo de espionaje nacional (USIDent); la policía tiene licencia para disparar a cualquier sospechoso; se necesita visado para viajar de un estado a otro; las elecciones presidenciales han sido reducidas a un mero tic social; el conflicto mundial ha provocado el corte de los suministros de petróleo y una extraña organización tiene el monopolio de las energías alternativas. En este clima catastrófico la única oposición al sistema la ejerce un grupo neomarxista que intenta modificar la elecciones para reducir el omnipresente poder orwelliano de la agencia de espionaje USIDent. Los neomarxistas intentaran chantajear al candidato a vicepresidente con vídeos que involucran al amnésico prometido de su hija con una actriz porno.

Temáticamente, la película abordaría las consecuencias del sentimiento de aceleración del mundo, como son las ideas de la destemporalización de la Historia o el fin de la Historia. Como ha explicado el filósofo Giorgio Agamben, cada concepción de la Historia tiene una determinada concepción del tiempo. Nuestra experiencia del tiempo y de la historia sería una secularización de la experiencia cristiana. Southland Tales alegoriza sobre la contradicción del hombre contemporáneo que no posee una experiencia adecuada del tiempo para la idea de historia y por eso está escindido: «La duplicidad de la concepción moderna de la historia expresa la imposibilidad del hombre, que se ha perdido en el tiempo, para apoderase de su propia naturaleza histórica». El núcleo de la película nos mostraría eso mismo que señala Agamben: el intento del hombre perdido en el tiempo de apoderarse de su naturaleza histórica. Pero además, Southland Tales representa de manera satírica ciertas concepciones de la filosofía de la historia de Walter Benjamin, como son la recordación como interrupción de la lógica dominante, la política como secularización de la religión o el tiempo ahora como prefiguración de la salvación y el mesianismo.




En la película, la siniestra corporación Treer logró construir un enorme simulador de mareas para obtener energía alternativa. Pero el triunfo del experimento ocasionó ciertas anomalías ambientales como la desaceleración del planeta o la aparición de una fisura en el espacio tiempo de medio kilómetro de ancho ubicada en el desierto a orillas del lago Mead. El jefe de la corporación, el Baron Von Westphalen (Wallace Shawn), decidió que el primero en cruzar esta falla espacio temporal sería un actor famoso muy vinculado al partido republicano Boxer Santaros (Dwayne Johnson). Éste desapareció el 27 de junio de 2008, pero tres días más tarde reaparece misteriosamente en el Desierto de Nevada completamente amnésico. Como le explicará detalladamente a uno de los miembros de la corporación: «aproximadamente a las 10:51 a.m., 69 minutos después de que pasara por la fisura, apareció un duplicado de Boxer Santaros. Viajó 69 minutos en el tiempo hacia el pasado, señor, en cuyo momento su ser futuro...y su ser pasado se confrontaron». El ser pasado de Santaros falleció por lo que Boxer es su ser futuro. Lo único que queda es cuerpo criogenizado en una vitrina. Pero hubo una persona encargada de llevar al actor hasta la falla espacio-temporal y atravesarla con él: el oficial Roland Tavern (Seann William Scott). Al contrario que Santaros, su ser pasado y su ser futuro sobrevivieron a la falla. Pero los neomarxistas han capturado al Tavern del pasado y han transformado al del futuro «en un peón de un peligroso juego de extorsión política» con la intención de exponer los pecados cometidos por la USIDent, como nos dice el narrador de la película, Pilot Aveline (Justin Timberlake): actor reconvertido en soldado y herido de gravedad en Irak por la esquirla de una granada de un miembro de su propia unidad. Como sabremos, ese miembro fue Roland Tavern.




Cuando Santaros regresa del desierto se enamora de una actriz porno, Kristy Kaposwki (Sarah Michelle Gellar), que ayuda a la célula neomarxista. Juntos escribirán un guion titulado The Power que prefigura el futuro próximo y predice la destrucción del mundo. En el guion, Santaros es un policía esquizofrénico de los Ángeles que tiene la habilidad de presentir lo que se avecina en la ciudad, y además es el único que se ha percatado de la relación entre el aumento en la tasa de delitos y la desaceleración de la Tierra provocada por simulador oceánico de la Corporación Treer. El policía del guion de Santaros acabará siendo el oficial Roland Tavern en la película.

Para Walter Benjamin los marxistas y los neokantianos habían secularizado el tiempo mesiánico transformándolo en un ideal inalcanzable. La historia ya no era el lugar de la salvación porque lo que se anhelaba era imposible. Si el objetivo era inalcanzable lo único que podía hacer el hombre era esperar a que llegasen tiempos mejores. Benjamin se oponía a esta concepción de la salvación fuera de la Historia porque privaba al tiempo de toda esperanza. Así que el filósofo reformuló la teoría de la secularización de la política afirmando que la secularización no debe ser sólo emancipación de la religión sino «realización en la tierra del contenido liberador del mesianismo originario». Con ello recuperó el concepto de tiempo pleno o tiempo ahora en oposición al tiempo vació, homogéneo de la Historia lineal y continua. La película representa una concepción histórica temporal muy similar a la expuesta por Walter Benjamin en su Tesis de filosofía de la historia

Al final de la película los dos Tavern se encuentran. Es 4 de julio, Día de la Independencia y aniversario de los atentados terroristas de Texas con los que empezaba la película. Más de cien mil personas se han reunido en la que será una de las mayores fiestas en los Ángeles de todos los tiempos. Santaros ha ido con su prometida a la fiesta que se organiza en el Megazepelin de la Treer. En la ciudad comienza a producirse disturbios y las células neomarxistas que están llegando al centro de la ciudad han asaltado el cuartel general de USIDent asesinado a la máxima responsable. Los tiroteos con la policía obligan a que los Tavern tengan que refugiarse en una furgoneta de los helados. Cuando se dan la mano, el vehículo comienza a elevarse por el aire. El Tavern del pasado amenaza al del futuro con pegarse un tiro y le pregunta si no recuerda Fallujah. El Tavern del pasado dice que le perdona, que no fue culpa suya lo que ocurrió allí. En ese mismo instante, Martin Keafauer, subido sobre la furgoneta que vuela sobre la ciudad, dispara un misil con un bazoca al Megazepelin. En su interior está Boxer Santaros con Krista Kaposwki, alias Now (Ahora) que acaba de bailar su 'Evangelio de la memoria' frente ante la atónita mirada de todos los presentes.



El Tavern del pasado y del futuro se agarran de la mano y Martin Keafauer vuela por los aires el Megazepelin.


Según Benjamin, en el tiempo-ahora el sujeto histórico se adueña de un recuerdo que relumbra en el instante de peligro. Justamente eso es lo que hace Tavern en la furgoneta. El tiempo ahora prefigura la salvación del tiempo mesiánico en «tanto en cuanto salva el sentido de un momento pasado». Tavern recuerda el pasado y es perdonado, «no fue culpa nuestra», le dice el Tavern pasado. La recordación interrumpe la lógica dominante. En ese momento, Pilote Aveline lee sus últimas líneas del Apocalipsis: «Enjugó Dios toda lágrima de sus ojos, para que el nuevo Mesías pudiera ver la Nueva Jerusalén. Él era el oficial Roland Tarverner de Hermosa Beach, California». La llegada del Mesías no acaba con la Historia sino con el poder de la lógica de la Historia. Supone la redención de la humanidad. Solo él puede detener la (des)aceleración global y reestablecer el equilibrio del mundo. 





Southland Tales es una sátira de ciencia ficción distópica sobre el futuro latente en nuestro presente. Una obra estéticamente poscinematografica y transmedia que tiene una lógica compositiva ajena a la sintaxis convencional. Sigue una lógica de remediación estética en donde las imágenes muchas veces intentan emular a la pantalla de un ordenador con múltiples ventanas e imágenes. Como escribía Anne Friedberg, en nuestra era poscinematográfica: «El cine ha sido desplazado por un sistema de circulación y transmisión que elimina las pantallas de proyección y vincula las pantallas a los ordenadores y a la televisión». Estéticamente la película es un reflejo de esta nueva condición. Los elementos de diferentes medios se colocan unos junto a los otros sin establecer una jerarquía entre ellos: anuncios, footage de baja definición, vídeos musicales, televisión. Las imágenes parecen estar unidas simplemente como bloques. Son imágenes no-tiempo que se acumulan y se superponen. Sin embargo, como bien explica Steven Shaviro, que la imagen-tiempo esté exhausta no se percibe de manera negativa: «Si hemos perdido cierto pathos humanístico de la duración, en cambio hemos ganado la profusión y la innovación del tiempo real».

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