miércoles, 12 de noviembre de 2014

Postcrítica (post)cinematográfica


Uno de los cambios fundamentales que han sufrido todas las artes en los últimos 20 años ha sido el inicio de su fase post: postposesía,postfotografía, postarte y poscine. El cine se ha disuelto con los demás medios audiovisuales. Su especificidad desaparece y esa entidad diferenciada se divide en una multiplicidad de atributos diferentes que forman parte de otros medios. El cine se expande y los contornos que le permitían distinguirse también desaparecen. Pero también el modelo narrativo se ha puesto en cuestión. La tradición dramática aristotélica o la tradición narrativa decimonónica no tienen ningún peso para muchos cineastas contemporáneos (Tsai Ming-Liang, Gus Van Sant, James Benning, Claire Denis, Philippe Grandrieux...) Ante esta situación de cambio, la crítica de cine parece incapaz de valorar y juzgar muchas de las propuestas. Los antiguos modelos estéticos resultan obsoletos a la hora de comprender y analizar lo existente. Sin embargo esta situación de hibridez y metamorfosis, unida a las posibilidades de los medios digitales y los programas de edición, ha provocado que también la crítica de cine haya entrado en su fase post. A mediados de años 80, Gregory L. Ulmer señalaba que en la crítica literaria se había producido un cambio en la relación entre el texto crítico y la literatura. [1] Según Ulmer, la poscrítica literaria se caracterizaba por la aplicación de instrumentos modernistas, como el collage, y los nuevos medios mecánicos de reproducción a las críticas. Como todos sabemos, hoy los collage y los videoensayos son técnicas habituales en revistas y blogs de cine. Estos dos procedimientos permitirían que tanto espectadores como críticos utilicen las imágenes, en palabras de José Luis Molinuevo, como formas de conocimiento pero no para pensar sino para conocer a través de ellas. [2] Esta utilización de las imágenes en la llamada crítica audiovisual recodaría en ciertos aspectos a la idea de crítica romántica. Walter Benjamin, en su conocido estudio sobre el tema, explicaba que para los románticos la crítica se concebía como un experimento que estimulaba la reflexión no sobre la obra sino en. La crítica debía asimilarse a una forma poética, de manera que las barreras que separan la poesía de la crítica, el arte del discurso sobre el arte, la práctica de la teoría se derrumbaban por completo. [3] La crítica audiovisual, ya sea en su formato ensayístico o de collage de imágenes y citas, quizás sea la manifestación más evidente de la fase post de la crítica de cine. La ausencia de evaluación en críticas audiovisuales o textuales podría entenderse también como una perdida ontológica, de no ser porque la ausencia de juicio también puede ser interpretada como una vuelta a los presupuestos románticos en los que la crítica era entendida como consumación de la obra y no como juicio. Los románticos se regían por lo que Benjamin denomina como principio de no criticabilidad de lo malo. Sólo las obras de arte eran criticables, en caso contrario no. [4] Sin duda este principio está enormemente presente en todas las revistas de cine digitales en donde la crítica únicamente se ejerce de manera positiva. Por lo tanto, quizás podríamos definir o caracterizar la postcrítica (post)cinematográfica como la vuelta a principios románticos en la crítica gracias a las nuevas tecnologías e internet: la crítica más allá de la crítica después del cine.

[1]. Ulmer, Gregory L.: “El objeto de la poscrítica” en Hal Foster (Coord.) La posmodernidad. Barcelona: Kairos, 2002, pp. 125-164.
[2]. Moliuevo, José Luis: Humanismo y nuevas tecnologías. Madrid: Alianza Editorial, 2004, p 212.
[3]. Benjamin, Walter: El concepto de crítica de arte en el romanticismo alemán. Ediciones Península.
[4]. Op.cit.: p. 118.