viernes, 3 de enero de 2014

Història de la meva mort (2013), de Albert Serra


La mierda en oro

Desde su celebrada Honor de cavallería (2006), Albert Serra se ha dedicado a reapropiarse de estéticas románticas y aplicarlas a mitos ultracodificados a los que reduce a su máxima esencia (1). En esa película, el Quijote y Sancho caminaban por el campo a la espera de una aventura que nunca acaba por llegar. Serra nos mostraba a don Quijote como una especie de místico romántico, amante de la naturaleza y obsesionado con la mítica Edad de Oro. La visión de la naturaleza que tenía “el caballero de la triste figura” en la película de Serra correspondía a la del primer estadio del romanticismo: la unión del Uno y el Todo. En El cant dels ocells (2008) Serra nos mostraba el duro viaja a pie de los tres Reyes Magos que se dirigían a adorar el niño Jesús. El cineasta recurría a los moldes románticos para escenificar la tensión metafísica entre el paisaje y las figuras míticas que lo atravesaban. La estética sublime se utilizaba para sensibilizar una idea suprasensible que se ocultaba detrás de la naturaleza. En El cant dels ocells nos situaba frente al segundo estadio: “melancolía del yo ante la encarnación sufriente del infinito como naturaleza”. Una sarta de tonterías y cursilerías sobre lo sublime, lo incomunicable, lo inefable llenaban las reseñas entusiastas de muchos comentaristas cinematográficos. Por desgracia, como decía Michel Onfray, con demasiada frecuencia se olvida algo tan evidente como que el arte (y el cine) vive de la historia, en ella, también para y por ella. La pregunta que dejaba caer el filósofo francés debería hacer reflexionar a todos los que han querido transformar el cine y el arte en un mercado de trascendencias a la carta: “¿Por qué debemos admirar, en los pedestales, lo que condenamos fuera de la atmósfera cerrada del recinto artístico, sacralizada hoy en día, como lo fueron durante largo tiempo los espacios religiosos…?” (2).

A la vista del éxito cosechado, era difícil que Albert Serra fuese a abandonar sus estéticas románticas. En Història de la meva mort (2013) el cineasta se propone a hacer lo mismo que en sus anteriores obras pero con el mito de Casanova y Drácula.....

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