sábado, 7 de diciembre de 2013

La vie est belle by Lancôme







Vosotros también ansiáis una vida bella

Este anuncio de uno de los últimos perfumes de la marca Lancôme contiene una representación de la difundida metáfora de Karl Georger Büchner, que aparecía en su obra La muerte de Danton, según la cual los seres humanos no somos más que marionetas, y «fuerzas desconocidas mueven nuestros hilos; nada, nada somos por nosotros mismos». Además, el anuncio encarna y transmite el estereotipo del ideal de belleza romántico. Aquí la belleza se convierte en el acceso a lo real y a la verdad y no al contrario: Lo bello es verdadero porque es bello, y no lo verdadero es bello porque es verdadero. La bella Julia Roberts, con un espectacular vestido blanco, atraviesa la sala de fiesta repleta de invitados vestidos con trajes negros hasta que se detiene delante de un gran espejo. La imagen reflejada acaba revelando los hilos invisibles que nos gobiernan y nos imposibilitan ser nosotros mismos. Es su bello yo (reflejado cual Narciso) el que le da acceso a la verdad oculta. Julia Robert entonces decide romper los hilos que la ataban a ese mundo de frías convenciones y alienante conformidad. Ella ya destacaba del resto con su vestido, pero no se había atrevido a dar el paso todavía. La decisión, por supuesto, produce un autoelevamiento de sí misma que paralelamente es una elevación por encima de los demás. Ésta se escenifica con la mujer subiendo hacia unas escaleras ante la atenta, y quizás recelosa, mirada de los presentes. Una vez en lo alto, y con la ciudad de fondo, Julia se gira para lanzar una mirada hacia esa "masa gris" (negra en este caso), cobarde, conformista y uniforme de asistentes que disfrutan de la fiesta, y de sus vidas, sin saber, o prefiriendo no saberlo (véase la mujer que se baja las gafas de sol), que son poco más que meros títeres que han sido despojados de toda autonomía y libertad. (Una mirada que en el fondo todos sabemos que está dirigida a las consumidoras que ven el anuncio sentadas en sus casas y que todavía no se han atrevido a dar el valiente paso de Julia Roberts y comprarse el perfume). Es indudable que esa sonrisa de radiante felicidad que emana de su rostro transmite la satisfacción de la mujer que ha conseguido elevarse por encima del resto y comenzar, al fin, una vida bella. Así es como se llama el perfume: La vie est belle (La vida es bella). Y ya sabemos que la belleza en el siglo XX despareció del arte pero sigue siendo una condición imprescindible de la vida. Como señalaba Arthur Danto: «La belleza es para el arte una opción y no una condición necesaria. Pero no es una opción para la vida. Es una condición necesaria para la vida que nos gustaría vivir». La filosofía que la marca quiere transmitir a su consumidor con el perfume es clara: «No hay obligación impuesta. Se trata de elegir lo que es mejor para cada uno. Cada cual busca su propia felicidad y la compone a su manera. Es entonces cuando la vida se vuelve más bella. Mi vida es bella porque la he elegido así.» O lo que es lo mismo: la vida es bella sólo si somos absolutamente nosotros mismos. Un clásico imperativo de la ideología individualista-narcisista-hedonista que se utiliza como estrategia de venta para infinidad de productos.