martes, 12 de noviembre de 2013

Stray Dogs (2013), de Tsai Ming-Liang



¿Sueñan los humanos con paisajes pintados?


-¿Qué clase de cuadros?
- Paisajes.
- Lo siento, no tengo paisajes.

Blow Up (Michelangelo Antonioni, 1966)
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I’m not in love with the modern world,
I’m not in love with the modern world,
It was a torch driving the savages back to the trees

Wolf Parede, Modern Times
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La culpa de todo en el cine de Tsai Ming-liang la tiene el espacio y al mismo tiempo el espacio parece ser la solución de todo. El espacio es la barrera contra la que chocan los deseos de relación de los personajes, es la estructura que los aísla del contacto humano. El desarraigo espacial que provoca la ciudad en sus personajes es la causa de que estos no encuentren el amor. Personajes mudos y solitarios que vagabundean tratando de buscar algún tipo de contacto con otra de las múltiples soledades que se cruzan en su camino (不散, Goodbye Dragon Inn, 2003). Los espectadores deseamos que esa unión sea posible, pero rara vez sucede, y si ocurre no colma el vacío que sienten. Pensemos en los personajes de Hsiao Khang y Shian-chyin en el tríptico formado por What Time Is There? (你那边几点, 2001), The Skywalk is Gone (天橋不見了, 2002) y El sabor de la sandía (天邊一朵雲, 2004). En la primera, su relación no era posible porque no compartían el mismo espacio, ella en París y él en Taipei. En la segunda, no pueden reencontrarse en la pasarela en donde se conocieron porque ésta ha desaparecido por culpa de las remodelaciones urbanas; y cuando finalmente se encuentran en El sabor de la sandía, el espacio de sus apartamentos los tienen tan prisioneros y confinados que su capacidad de amar ha desaparecido. Tsai Ming-liang siempre ha mostrado la ciudad moderna como un espacio carente de cualquier rasgo de sociabilidad y sentimiento. Podemos decir ―parafraseando a Houellebecq― que para Tsai Ming-liang el amor y los sentimientos sólo pueden nacer en condiciones espaciales que son opuestas a las de la urbe moderna.

El drama de Stray Dogs también está relacionado con el espacio o con la ausencia de él. Esos dos hermanos, que vagabundean por el supermercado intentado comer algo, y ese padre que, casi como una broma cruel del sistema, se ve obligado a sostener un cartel publicitario en medio del tráfico durante un día de perros, anunciando alquileres de pisos de lujo, seguramente han sido desahuciados de su antigua casa ante la imposibilidad de pagar la hipoteca. Nunca sabremos las causas reales por las que esta antigua familia acomodada se ha visto obligada a tener que lavarse los dientes en los servicios públicos, comer en la calle y dormir en un miserable refugio improvisado y oculto en medio de la ciudad. En las películas de Tsai Ming-liang siempre hay algún incidente catastrófico de fondo que no hace más que incidir en su visión urbana distópica. En I Don’t Want to Sleep Alone (黑眼圈, 2006), la ciudad de Kuala Lumpur estaba cubierta por una espesa capa de humo que obligaba a sus ciudadanos a usar mascarillas; en El sabor de la sandía, Taipei sufría una terrible sequía que forzaba a sus habitantes a consumir sandías como alternativa al agua; en The Hole (洞, 1998), la ciudad estaba afectada por una extraña epidemia kafkiana que provocaba que sus habitantes se comportasen como cucarachas. En Stray Dogs, el incidente de fondo es tan real como apocalíptico: un despiadado sistema neoliberalista e hipotecarío que trata a las personas peor que a perros callejeros....

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