domingo, 28 de abril de 2013

El luminoso regalo; Manuel Vilas

Sex Space Oddity

En su nueva novela, Manuel Vilas ha querido mostrar el sexo "como motor del mundo". Ya decía Montainge en sus célebres Ensayos que: "Todo el movimiento del mundo se resuelve en este acoplamiento y conducen hacia él; es la materia infusa por todas partes, es un centro al que miran todas las cosas”. El sexo en El luminoso regalo también ese vórtice hacia el que se ven arrastrados sus personajes. Dos seres con una sexualidad desbocada e irreprimible cuyos encuentros sexuales Vilas retrata de manera magistral, sin recurrir a cursiladas de porno soft tan de moda ahora.
Come mi hígado. Come mis huesos. Cómeme. Eso os decíais, hagamos el amor con nuestros órganos invisibles, aquellos que nunca han visto la luz. Querías follarte su hígado, meter allí tu polla. Quiero chuparte el corazón, quiero meter mi coño allí, encima de tu corazón. Necesitáis cirujanos que abran vuestros cuerpos y juntes vuestros órganos. Necesitáis cirujanos que abran vuestros cuerpos y juntes vuestros órganos. Lo que ansiáis necesita la alta cirugía del futuro querías que tu vesícula fuese su vesícula. Querías olerle el culo y las axilas hasta el final. Quería conocer todos sus olores. Querías su intestino, su riñón, su esófago, sus vísceras, sus venas. Así folláis vosotros. Nadie folla así.
La concepción sexual que se desarrolla en la novela bebe directamente de Charles Baudelaire y George Bataille. El luminoso regalo nos quiere representar esa esencia abismal y oscura que se esconde detrás del amor y el sexo. "La voluptuosidad única y suprema del amor estriba en la certidumbre de hacer el mal, el hombre y la mujer, saben desde que nacen, que el mal se halla en toda voluptuosidad," escribía el poeta francés. Vilas intenta volver a esas vinculaciones entre el erotismo, el mal y la animalidad que establecieron esos autores a lo largo de su obra. Así nos lo dice el propio Vilas: "Esta es una novela sobre sexo, sobre erotismo y sobre la relación entre el Erotismo y el Mal". Pero ¿hasta qué punto esa relación sigue siendo válida en la actualidad? ¿Tiene sentido decir hoy que "el acto sexual tiene valor de fechoría"?

Evidentemente, aunque nos atraigan estas ideas, la concepción sexual de Bataille y Baudelaire son producto de una moral muy represiva y de una educación católica donde el sexo, si no obedecía a fines reproductivos, se sancionaba como un pecado. La vinculación entre sexualidad y mal no tiene ningún fundamento en la actualidad. En primer lugar, porque ha desaparecido el peso que la religión tenía en la época que escribieron esos autores; y en segundo, porque, aunque para que exista erotismo tiene que haber transgresión de algún tipo, el liberalismo sexual y la pornografía han naturalizado muchos comportamientos que antes se percibían como transgresores. Nuestra vida sexual sigue regidas por normas y restricciones, y estas son la base para que pueda haber erotismo, pero su transgresión no supone para nosotros ninguna idea de Mal. A Vilas le ciegan las concepciones de estos autores y se olvida la distancia que media entre su sociedad y la nuestra. 

Víctor Dilan, el alcohólico escritor y protagonista de esta novela, es un cruce entre Jesucristo y Casanova. Dilan, como estos dos personajes, aspira encontrar el Amor pero a través de la posesión de los cuerpos; la plenitud amorosa por medio del goce sexual. Por eso Víctor tiene el poema Pandémica y Celeste de Jaime de Gil de Biedma como una oración:

Para saber de amor, para aprenderle,
haber estado solo es necesario.
Y es necesario en cuatrocientas noches
-con cuatrocientos cuerpos diferentes-
haber hecho el amor. Que sus misterios
como dijo el poeta, son el alma,
pero un cuerpo es un libro en que se leen.
El amor en la novela de Vilas es algo tan misterioso como el famoso monolito de 2001: Odisea en espacio. Manuel Vilas dota al amor del mismo contenido transcendental y divino que se ocultaba en aquella extraña piedra espacial. En el apartado final de agradecimientos y observaciones el escritor así nos lo hace saber.“El referente artístico y por tanto fundamental de esta novela la célebre película de Stanley Kubrick [….] Toda la novela es una búsqueda del contenido del monolito que aparece en esa película, quizá bajo la forma de parodia culta, sin excluir la ironía".

El personaje de Víctor Dilan se mantiene escindido entre dos polos irreconciliables: la avidez sexual y el amor. Representados, estos, por las dos figuras femeninas que rigen su vida: Ester, la bruja insaciable y Elena, su mujer. Esta es la dualidad que nos gobierna a todos en nuestra vida. El sexo y el amor son impulsos opuestos. El sexo está desvinculado de cualquier moralidad, mientras que el amor, a pesar de haber perdido todo su halo místico y espiritual, sigue funcionando como una fuerza gravitatoria.

Al final de su Sex Space Oddity, Dilan comprenderá qué se escondía en el interior del monolito, pero desgraciadamente para él, quizás sea demasiado tarde.

El coito en paz, solo al final de los tiempo, caminando hacia la verdad, caminando hacia Dios. Pero está el Amor al fondo, y eso es otra cosa. El Amor está allí, y es más fuerte que el coito. Eso nunca lo supo Ester, la Bruja. El amor, en realidad era el misterio. No era el sexo quien estaba dentro del monolito sino el Amor. Sin más, el Amor. Yo tampoco lo supe. No he amado a nadie. Ni siquiera a mí mismo.

En la naturaleza femenina de Ester resuenan las figuras Otto Weininger y Lars Von Trier. La sexualidad desbordante y retorcida de esta Bruja dominadora de hombres recuerda a las ideas del misógino filósofo austriaco: "La mujer es total y únicamente sexual" o "El apareamiento es el bien supremo para la mujer; busca realizarlo siempre y en todo lugar". Una idea plausible, ya que en el grupo de citas que abre la novela hay una de Weininger, además, Cristobal Matthew, el psiquiatra negro de la ninfómana, le recomienda la lectura de Sexo y Carácter. La película Anticristo es otra referencia que recorre todo el libro. Como en la película de Lars Von Trier, Vilas también ha querido representar una idea de mujer satánica y destructora; una Bruja con una libido desbocada y cruel.



El problema que he tenido con El luminoso regalo de Manuel Vilas es una disociación entre la forma y el contenido. Me encanta cómo escribe Manuel Vilas, pero el contenido de su nueva novela me parece algo trasnochado. Cierto que esta novela es más realista, con menos juegos formales y que abandona el universo pop y el estilo irónico de sus anteriores libros, y que esto le puede permitir acercarse a otro tipo de lector; pero el error de Vilas es que quiere hacer una novela sobre el sexo y el amor contemporáneos reciclando teorías del XIX y XX que están completamente alejadas de nuestra realidad. En El luminoso regalo uno acaba teniendo la sensación de que la sexualidad es una mística del sacrificio, la cama un altar y el amor el nuevo Dios. Esta espiritualización del amor siempre le sorprendió a Nietzsche, que se preguntaba cómo "esta salvaje avidez e injusticia del amor sexual ha podido ser ennoblecida y divinizada como lo ha sido en todos los tiempos".  No sé si hará falta un erótica solar al estilo Onfray pero que la sublimación amorosa acaba creando un desajuste entre las expectativas y la realidad, no me cabe ninguna duda.