Con Amour algunos sectores de la crítica vuelven de nuevo con la prohibición de ciertos actos y temas en el cine. Con la imposibilidad de representarlos; con la inmoralidad de ciertos directores por hacerlo. Aunque estamos en el 2012 a veces parece que algunos desearían implantar un nuevo código Hays en el cine. Ya saben: " Los temas siguientes deben tratarse con la mayores precauciones...". Me refiero, en concreto, a un texto en donde Fernando Ganzo (en su crónica de Cannes 2012 para la revista Lumiere) escribía sobre el último film de Michael Haneke. Ganzo crítica la película por su excesiva "frontalidad":
Y la película es frontal con lo que no debería serlo: la muerte. Heráclito decía que ni el sol ni la muerte pueden mirarse de frente. Al hacerlo, Haneke la banaliza. Los sentimientos, por su parte, sólo pueden ser vistos, igualmente, de través. Schubert lo comprendió perfectamente son sus últimas sonatas, con su distanciada aceptación, melancólica, de la tristeza y el dolor que implica el irremediable caminar hacia el final de la vida (de la suya propia, concluida entre terribles sufrimientos). Haneke acude a su música como quien busca auxilio y los personajes se salvan espiritualmente en ella casi tanto como se condenan a la banalidad en la mirada del cineasta. (1)
La crítica que Fernando Ganzo realiza a la película de Haneke se inscribe dentro de una línea de pensamiento, tan extendida como irracional y dogmática, según la cual la imagen ha de evitar representar ciertos temas de manera directa. Que algunos temas exigen una representación especial, una mirada moral. Que todo lo real no es soluble en lo visible.
Pensemos en aquel famoso texto de Jacques Rivette sobre el travelling de Kapo y el cadáver de Emmanuel Riva encuadrado en contrapicado en la alambrada. Ese "De la abyección", citado hasta la náusea siempre que se habla de la moralidad de la imágenes, esconde, detrás de su ética prescriptiva (y restrictiva), una clara postura hostil contra la representación de la realidad por las imágenes, y que en la cultura occidental tiene una larga tradición. Una línea de pensamiento que comienza con Platón se extiende con el judaísmo, y que en la modernidad, aunque por motivos diferentes, reaparece con fuerza en las figuras de Adorno, Braudillard, Lazmann, Paganol y Wajcman. Todos muestran la misma desconfianza hacia las imágenes. Adorno señalaba que la imagen tenía una función embriagante y alienadora; Baudrillard, que por culpa de la imagen ha desparecido lo real; y según Lazmann, Pagnol o Wajcman la imagen no puede dar cuenta del horror de los campos. Ganzo,y compañía, nos vienen ahora con que la imagen no puede representar la muerte.
¿Hay temas representables y temas no representables? ¿es la muerte algo que no debe representarse mediante las imágenes? El tema de lo irrepresentabilidad tiene un origen teológico claro. El nacimiento del monoteísmo, Moíses condenado los falsos ídolos (Jean Luc-Nancy habla de ello en La representación prohibida) Sin embargo, la idea de que la muerte no se puede representar a través de la imagen es insostenible (como también lo es que no se puede representar el holocausto). Podíamos citar el estudio de Régis Debray: Vida y muerte de la imagen, en donde queda claro la relación que siempre ha existido entre la imagen y la muerte.
El nacimiento de la imagen está unido desde el principio a la muerte. Pero si la imagen arcaica surge de las tumbas es como rechazo de la nada y para alargar la vida. La plástica es un terror domesticado. De ahí que, a medida que se elimina a la muerte de la vida social, la imagen sea menos viva y menos vital nuestra necesidad de imágenes.(2)
Lo que parece es que el único que no puede "ser frontal", por causas que se me escapan, es Michael Haneke. Porque ¿acaso no son frontales películas documentales como La sangre de las bestias, The act of seeing with One´Eyes,El relámpago sobre el agua, La trilogía de Fontainhas,Letter from Yellow Cherry Blossom o la reciente Three Sister? Frontales con la muerte, la enfermedad y la pobreza. Temas que para algunos exigen un régimen especial de la representación. ¿Son inmorales estas películas? ¿No es frontal, también, Lisandro Alonso cuando, respetando los principios bazinianos, nos muestra cómo Vargas da caza y degolla a un carnero en la selva? ¿no es frontal con el sexo Catherine Breillat en Anatomía del infierno? ¿no es frontal con la violencia Koji Wakamatsu en muchas de sus películas? ¿Es más frontal Haneke que estos directores? Por supuesto que no.
Aunque Fernando Ganzo no cite a Rivette detrás de su crítica a "la frontalidad" de Amour resuena la crítica que el cineasta francés hacía a la película de Gilles Pontecorvo. En el texto aludido, Jacques Rivette escribía: "Hay cosas que deben ser abordadas desde el temor y el temblor: la muerte es una de ellas". Para Ganzo, y para muchos otros, la muerte se parece a la Gorgona, si uno la mira de frente corre el riego de convertirse en piedra. La explicación sería que la imagen siempre realiza una espectacularización de lo real, por lo tanto, solo puede representarse mediante eufemismos, elipsis, ausencias, es decir, solo podemos afrontar la muerte, lo real, mediante espejos. El artista debería, entonces, intentar emular la gesta de Perseo. La muerte, según el comentario de Ganzo, necesita ser mediatizada por algo exterior a ella, no puede ser afrontada de manera directa: "Heráclito decía que ni el sol ni la muerte pueden mirarse de frente". Recordemos a Clément Rosset cuando en Principio de crueldad señala que lo real es insuficiente y cruel: "La realidad solo podría ser tenida en cuenta filosóficamente mediante el recurso a un principio exterior a la realidad misma ( Idea, Espiritu, Alma del mundo, etc.), destinado a fundamentarlo y explicarla, incluso justificarla"(3). La realidad necesita de la apariencia para ser representada. Las imágenes artísticas serían aquellas que, en palabras de Didi Huberman, "nunca lo muestran todo sino que saben mostrar la ausencia desde el no-todo que constantemente nos proponen"(4) Eso sería el resumen de la crítica que algunos hacen a Amour.
No obstante, la película de Haneke, en primer lugar, no es un documental sino una ficción. Por lo tanto ya no estamos ante la realidad en crudo sino ante una representación. Pero, como señalaba Bill Nichols, "la diferencia entre una representación ficticia de la muerte y un un registro de un suceso histórico de la muerte en sí es profunda. Se nos hace testigos de algo que no se puede ver literal ni metafóricamente. Nichols también comparte la idea de la muerte como irrepresentable aunque matiza las diferencias entre una muerte ficticia y una muerte real. El autor cita un texto de Vivian Sobchak donde ésta señala que "la muerte en la ficción es representada principalmente a través de signos icónicos y símbólicos no nos incita a inspeccionarla[...] La muerte en la ficción se experimenta como algo visible. Mientras que en las películas documentales "se experimenta como una representación confusa que va más allá de la visibilidad" (5). Amour exploraría la muerte,entonces, como algo visible con la intención de confrontarnos con un hecho que ha desparecido por completo de nuestra experiencia diaria. La enfermedad y la muerte son los grandes tabús de una sociedad que venera y publicita la salud y juventud como los grandes valores. En Amour no hay ningún exceso de realidad por mucho que nos incomode ver el deterioro de Anne. Ninguna banalización del sufrimiento y niguna romantización de la muerte al estilo Mar Adentro. A no ser que la enfermedad, la vejez o el tema de la muerte digna molesten a ciertos sectores de la crítica, Haneke no incurre en ninguna "abyección". El problema, como señalaba Jacques Rancière, en un texto incluido en El malestar de la estética, donde hablaba sobre el giro ético de la estética, no es sí se puede o sí se debe o no representar sino saber qué es lo que se quiere representar y qué modo de representación debe elegirse.
Haneke no edulcora ni embellece la enfermedad de Anne. Tampoco nos ahorra la virulencia y la incomodidad de tener que presenciar el acto de amor más terrible que uno puede llegar a cometer. Haneke podía haber cortado la escena, es cierto. Ése parece ser el principal motivo por el cual ,el sector más pacato de la crítica, lo tilda de inmoral y de obsceno. Sin embargo ¿dónde comienza el cine y dónde termina la obscenidad del acontecimiento? Las casualidades del cine quieren que de nuevo sea el cadáver de Emmanuel Riva el que reabra este debate.
(1). http://www.elumiere.net/exclusivo_web/cannes12/cannes12_05.php
(2) Dèbray, Regis: Vida y muerte de la imagen. Historia de la mirada en Occidente. Barcelona. Ediciones Paidos, 1994, p. 21.
(3) Rosset, Clement: El principio de crueldad. Valencia. Pre-Textos. 1994, p 17.
(4) Huberman, George-Didi: Imágenes pese a todo. Memoria visual del Holocausto. Barcelona. Ediciones Paidos, 2004, p 185.
(5) Nichols, Bill: La representación de la realidad. Cuestiones y conceptos sobre el documental. Barcelona, Ediciones Paidós, 1997, p. 120.

