jueves, 29 de marzo de 2012

martes, 27 de marzo de 2012

La adoración del paisaje en Bruno Dumont

L´humanite(1999) Bruno Dumont

Hors Satan(2011) Bruno Dumont

"El aspecto de la naturaleza es devoto como la figura de Cristo, tiene la cabeza inclinada y las manos recogidas sobre el pecho. El hombre más feliz es aquel que aprende de la naturaleza la lección de adoración". Ralph W. Emerson

Las figuras de espaldas mirando hacia el horizonte, en actitud contemplativa y devota hacia la naturaleza y el paisaje, de los protagonistas de estas dos extraordinarias películas de Bruno Dumont, tiene claras reminiscencias a cuadros de David Friederich: Paisaje de una tarde para dos hombres o El caminante sobre el mar. Estos dos Zaratrustas encuentran en la contemplación sublime del paisaje aquello que decía Kant en La crítica del juicio" Lo sublime del paisaje nos permite descubrir en nuestro interior una facultad de resistencia".
Viendo estos dos fotogramas por separado, muchos estarían tentados a intentar vincular la experiencia estética de la Naturaleza con una intuición divina de los personajes o una experiencia transcendental. La naturaleza para Dumont está alejada de concepciones petrarquianas, es una naturaleza secularizada pero que no renuncia a cierto grado de misticismo. Sin embargo, los personajes parecen buscar algún tipo de respuesta o ayuda en el horizonte. Esa contemplación devota del paisaje, en una evidente postura corporal de adoración, que muestran ambos personajes, está vinculada con la capacidad de catarsis que provoca un bello panorama. Decía Shopenhaouer:  "Un bello panorama es una catarsis del espíritu[...] y en su presencia uno pensará del modo más certero".
Intentaré desarrollar más extensamente estas apresuradas notas en el siguiente número de Cuartaparede.

sábado, 24 de marzo de 2012

Paseos con mi madre; Javier Pérez Andujar


En el 2007 el antropólogo urbano Manuel Delgado publicaba La ciudad mentirosa: fraude y modelo del modelo Barcelona. En este ensayo, Delgado realizaba una implacable crítica contra las prácticas urbanas y arquitectónicas que las autoridades políticas venían practicando en la ciudad condal en los últimos años; y que, según Delgado, eran, en gran medida, continuación y ejecución de las aspiraciones de modelo urbano que comenzó en el franquismo, cuando José María Porcioles era alcalde de la ciudad. ¿Quién iba a decir que aquella ciudad completamente postrada a los intereses capitalistas en materia urbana que acabaría haciéndose realidad, pero no gracias a la brutalidad de un régimen fascista, sino a la legitimidad democrática?(p.30) Si para Delgado lo que la transición democrática supuso en materia urbanística para la ciudad de Barcelona podría resumirse con el famoso lema lampedusiano: que todo cambie para que todo continúe igual, se debe a que en realidad los verdaderos rectores del urbanismo barcelonés nunca han sido los dirigentes políticos "sino los grupos empresariales, grandes bancos y sagas familiares- incluso personas individuales- que habían venido siendo siendo los mismo a lo largo de las últimas décadas en algunos caso desde la etapa franquista" (p.36). Una Barcelona, que al igual que otras muchas ciudades del mundo, se ha plegado a los intereses del capital y el mercado, se ha convertido en un lustroso escaparate ideado para el consumo inmediato de los miles de turistas que viajan a la ciudad para ver lo que ya antes han visto en las guías;  la imagen de un decorado cinematográfico idílico, donde nada ni nadie perturbe el orden y tranquilidad necesaria para que las compras y el consumo se sucedan de manera engrasada; simulacro urbano en el que se han desarrollado todo tipo de prácticas cosméticas e higienizadoras para convertir a la ciudad en una top model (Delgado dixit) que cotice alto en la pasarela turística.
Comienzo aludiendo al ensayo de Delgado y a su crítica al modelo Barcelona promocionado desde todas las instancias porque en Paseos con mi madre Javier Pérez-Andujar no hace más que plasmar, a través de sus experiencias y recuerdos, el fracaso urbano de una Barcelona hecha para el disfrute de aquellos que pueden pagarla.
Nadie pertenece a Barcelona por el mero hacho de vivir en ella, ni siquiera de haber nacido en la ciudad. En Barcelona se está en el cuarto de invitados durante un par de generaciones, y luego ya se accede al cuarto de servicio. Porque de Barcelona solo se es por familia y por dinero, en riguroso orden.
Una ciudad que, como dice Andujar, solo tiene de democrática el nombre de sus calles. Una ciudad que vive de espaldas a su gente y a sus vecinos porque no siente nada por ellos. Una ciudad para las élites y los turistas. El desarraigo que nos relata Andujar es el sentimiento de una persona que vivió en la periferia de Barcelona, en el barrio obrero de San Adrian de Besos (formado mayoritariamente por inmigrantes españoles de fuera de Cataluña) y nunca consiguió sentirse de Barcelona. Una ciudad que contemplaba desde la distancia y en la que siempre se sentirá extraño. El sentimiento de vivir en un sitio y nunca llegar a pertenecer a él, porque intentar pertenecer a Barcelona viviendo en Bésos, era como intentar tocarse el codo con la mano del mismo brazo.
Andujar recuerda su vida en el barrio de Besos, desgrana sus experiencias en la Barcelona de los 70 y los 80 con cierto tono melancólico, y lo hace convirtiendo los recuerdo  y la memoria de aquella Barcelona en la crónica de la decadencia urbana de una ciudad moderna tardocapitalista. Los cambios que comenzaron a producirse en aquellos años en la ciudad condal han dado como resultado la moderna Barcelona del siglo XXI:
Tenemos así que la Barcelona de principios de siglo XXI es lo que lleva siendo desde que decidió hacer de ella de una ciudad moderna: usurpación capitalista de la ciudad, expresada, como siempre en clave de especulación masiva; terciarización, esto es puesta al servicio de los requerimientos de la técnica y del mercado; [...] apoteosis de postulados monumentalistas y grandilocuentes, a través de los cuales las instituciones políticas aspiran a obtener una legitimidad que no alcanzan por su trabajo. (Delgado p.17)
A lo que podemos añadir la palabras de Andújar:
En los años en que parecía que ya todo se había ido a la mierda y lo único que ocurría es que todo se estaba yendo a la mierda. Queriendo ser una ciudad cojonuda, Barcelona va quedarse en una ciudad priápica con la escayola del Kike, el momumento de Miró en el antiguo matadero y la torre de la compañía del agua de Nouvel. (p.85)
No era una paisaje lo que estaba desmantelando, era una época, y yo me sentiré más lejos de Barcelona que de esa época. (p. 176)
Desde hace años se ha producido en Barcelona una eliminación sistemática del pasado industrial de la ciudad, un borrado de cualquier vestigio de lucha de clases o pasado obrero. Un caso emblemático, que relatan Josep María Montaner y Zaida Muxi en su libro Arquitectura y Política: Ensayos para mundos alternativos, es el  conjunto fabril del Can Ricart de Poblenou iniciado en 1853.
Con más de 150 años de funcionamiento, hasta junio del 2005 estuvo en plena actividad y contaba con 250 personas entre pequeños empresarios, artesanos y obreros. A pesar de todo ello, estaba prevista su casi total destrucción y, aunque se produjo mucha resistencia, se acabó desalojando a todos sus trabajadores rompiendo las redes y lazos entre la gente y el lugar, destruyendo talleres artesanales y de reparación básicos para el entorno y mutilado un patrimonio industrial de valor único que, junto a Can Batlló de la Bordeta, constituyen los únicos conjuntos industriales decimonónicos que aún siguen  en pie.
Andujar pertenece más a un paisaje que a un país y parte del impulso que guía el libro es el de dejar constancia de aquel (paisaje) pasado obrero e inmigrante; de las conquistas de la democracia y cómo éstas se han ido esfumando y cómo los políticos han ido traicionando en materia urbanística lo ideales por los que lucharon. En paseos con mi madre se funden la concepción del paisaje entendida como representación mental que parte de un sujeto individual; los recuerdos y sentimientos que Andujar tiene asociados al barrio de Bésos y a una época. Pero también el paisaje entendido como realidad objetiva y material producida por el hombre. Por eso el libro de Andujar me recuerda a películas como Of time and the city(2008) o My Winnipeg. El paisaje de la ciudad como un palimpsesto donde se funden lo subjetivo: recuerdos, sentimientos, emociones pero también lo objetivo: lo material, lo social, la historia. Andujar seguramente comparta estas palabras de Terrence Davies al comienzo de su fabulosa Of time and the city: "Amamos el lugar que odiamos, después odiamos el lugar que amamos; dejamos el lugar que amamos, después pasamos toda una vida intentando recuperarlo". 

viernes, 23 de marzo de 2012

sábado, 10 de marzo de 2012

Menos historias y más imágenes

"Rechazo totalmente las historias, pues para mí engendran únicamente mentiras, nada más que mentiras, y la mentira más grande consiste en que producen un nexo donde no existe nexo alguno."
"La historia me parece como un vampiro que intenta chupar la sangre de las imágenes." Wim Wenders
"La colocación de las imágenes en una serie coherente para dar lugar a una estructura narrativa supone una decisión bajo la cual todas las imágenes son arrastradas y pierden su singularidad, su poder de seducción, para ponerse al servicio de una historia que se trata de contar para subordinarse explícita o implícitamente para una voz que cuenta los acontecimientos." José Luis Pardo




Pasion(1980)Jean-Luc Godard

domingo, 4 de marzo de 2012

Luces Rojas(2012) Rodrigo Cortés


AVISO SPOILER

Rodrigo Cortés, que había sorprendido con su anterior función Buried, ha pasado de ser el habilidoso mago del que todo el mundo hablaba-el creador del  increíble espectáculo: Buried, el hombre en el ataúd (¡ pasen y vean¡ el gran mago Cortés mete a un hombre dentro de una caja durante toda la película)- a desmañado trilero de feria.
 Rodrigo cortés hace de trilero engreído y prepotente con Luces Rojas; y a mí los trucos de guión de feria me ponen enfermo. Cortés, al igual que otros directores trileros antes que él: Shyalaman, Amenabar, Abrahms.. basa toda su película en un golpe de efecto final que en teoría provocaría que el espectador se replantease todo lo visto hasta ese momento, haciendo un nueva reelectura de ciertas escenas a raíz de la información nueva. Estas vueltas de tuerca tan manidas, que intentan dar bruscos giros de 180º o 360º  en la trama de la película, creando una sorpresa inesperada en el espectador, están más trilladas que el truco del sacar un conejo de la chistera. Rodrigo Cortés, después de meter a un hombre en una caja en su anterior película, quería seguir sorprendiendo al precio que fuese;y vaya si lo hace, pero por ridículo que resulta el giro de guión. Cortés que debió pensar que los espectadores que van a ver su película son tan crédulos e ingénuos como los que asisten a ver los espectáculos de Silverman, quería hacer un truco tan sorprendente que el espectador se quedase perplejo y desconcertado en su butaca. Cuando en el último tramo de película Rodrigo Cortés nos deleita con su vuelta de tuerca con doble tirabuzón(¡impresionante!), los espectadores nos quedamos, no confundidos ni sorprendidos -ojalá-  sino malhumorados y engañados por semejante truco de feria. Los espectadores hemos asistido tantas veces a ese tipo de giros que es, por lo menos, desconcertante que alguien siga recurriendo a ellos para impresionar y sorprender: Suspense, Sexto Sentido, Los Otros....Pero al bueno de Rodrigo no le basta con esto, sino que incluso se regodea y enorgullece de haber sacado ese conejo de la chistera, esa paloma blanca del pañuelo y nos regala el flashback más innecesario y bochornoso que uno se pueda imaginar: tontitos no veis que estaba muy claro. Sí, Rodrigo, nos dimos cuenta de tu sutil e inteligente diseminación de pistas a lo largo de la función. Mejor dejemos a un lado la sobredosis de dramatismo final a la que nos somete, lluvia incluida.
Está claro desde el principio de la película que Luces Rojas no se iba a caracterizar por la sutileza- los forzados planos de los ojos de Robert de Niro son una buena muestra. Pero no me imaginaba que el gallego-salmantino fuese capaz de hacer un  truco de trilero y encima explicarnos cómo lo ha hecho. Sería tan bochornoso como que un mago me explicase cómo es capaz de hacer desaparecer a la chica dentro de la caja, o el trilero me detallase el funcionamiento de su fullería.
Luces Rojas se presenta en un primer momento como thriller de tesis maniqueo y dualista hasta el artazgo; el enfrentamiento de lo racional contra lo irracional, de la fe contra la razón etc(Qué lejos quedan Iluminación(1973) de Kryztoz Zanussi o el Decálogo 1(1989) de Krystof Kielowsky) La cruzada de racionalidad y lógica que lleva Margaret Mathesson acompañada de su escudero Tom, contra lo paranormal pasa, como mandan las biblias de guión, por un momento de duda y por supuesto un enfrentamiento y duelo contra un temible antagonista que pone las creencias del protagonista contra las cuerdas. Hay que poner obstáculos a los objetivos del protagonista, no lo olvidéis. Pero el truco de Rodrigo Cortés reside en que al final esa temible cruzada de racionalidad no era tal, ya que el bueno de Tom era un ser con poderes extraordinarios que buscaba a un semejante para poder conocerse y aceptarse. Puede que Luces Rojas inaugure un nueva temática que podíamos denominar como: el paranormal reprimido, un ser excepcional que no se atreve a "salir del armario" (Menos mal que no le da por asesinar a nadie, ya sabemos que la represión puede acabar tomando cauces violentos, La vida de las marionetas (1980) Ingmar Bergman)
 Da la impresión que el único fin de Rodrigo Cortés con la película era intentar engañar y después sorprender con un golpe de efecto. Pero a uno, después de aguantar hora y media de estéticas y narrativas rancias, maniqueísmos y dualismos cartesianos, sobreabuso de la música para crear momentos de tensión y escenas tan absurdas como la llamada de Paul Shackleton a laboratorio Tom, lo que menos le apetece es que le tomen el pelo de esta manera. Un cine del golpe de efecto y de conejo en la chistera. Me gustaba más el Cortés ácido y critico de El Concursante o 15 días o el Cortes que nos regalaba un producto tan entretenido y agobiante como Buried.