1.La crisis del sujeto masculino
Shame no es una película sobre un hombre adicto al sexo. Como tampoco El club de la lucha es un libro o una película sobre una adicto a las peleas. La comparación con El club de la lucha no es gratuita. Ambas retratan la crisis del sujeto masculino contemporáneo y ambas lo hacen dentro del espacio urbano de la ciudad. Dice Asbjørn Grønstad en su libro sobre la violencia y la masculinidad en el cine americano: In Fight Club, masculinity itself is a crisis scene, society an urban nightmare labyrinth disrupted by the seething,denatured and corralled male ego it was built to control[1]. ¿Acaso, no trata Shame sobre esto?
Nada nuevo pensarán algunos; cierto. La crisis del sujeto masculino la podemos encontrar retratada en
Querelle(1981) o
Un año con 13 de Lunas (1979) ambas de Fassbinder. Y en el cine contemporáneo es muy habitual ver al sujeto masculino en permanente crisis de identidad:
Comment je me suis disputé... (ma vie sexuelle)(1996) Arnaud Desplechin,
Greenberg(2010) Noah Baumbach,
American Beuty(1999) Sam Mendes....
Me viene a la mente Beu Travail (1999) de Claire Denis. Aquellos legionarios entrenando en el desierto, esas férreas coreografías realizadas bajo un sol abrasador. Epítome de una masculinidad exarcerbada. En toda aquella orquestación milimétrica de los cuerpos, en toda aquella disciplinada virilidad, se encontraba un intento de disimular la crisis de la masculinidad.
Lo mismo ocurre con Brandon. Su compulsión sexual enmascara el vació de su identidad, detrás de esa aparente masculinidad se oculta la crisis de sujeto masculino contemporáneo. Tras su meticulosidad y orden, el caos. Brandon, un hombre al que la palabra compromiso le hace temblar y resquebraja sus entrañas. Lo suyo es el puro goce egocéntrico, la búsqueda de placer sexual narciscista. "El sexo es un sistema de formas egoístas que giran alrededor del sol de la vanidad" decía Kamtchowsky en Las teorías salvajes de Pola Oloirarac. [2] Para qué cargar con la familia entonces si ésta dificultad la posibilidad de que Brandon satisfaga sus deseos. (Recuérdese la escena en la que la hermana pilla a Brandon en pleno acto de onanismo).
2. La imposibilidad de amar
Bauman: "Cuando el sexo significa evento fisiológico del cuerpo y la sensualidad no evoca más que una sensación placentera, el sexo no libera de sus supernumerarias, inútiles y agobiantes. Muy por el contrario, se sobrecarga".[3]
Esta insoportable levedad del sexo de la que habla Bauman es la que sufre en sus propias carnes Brandon. Y quizás sea el motivo primero de sus crisis. Atrás quedan aquellos años en los que otro Brandon se "hinchaba" a follar con una desconocida sin que esto supusiese mayores problemas o quebraderos de cabeza. No parece raro, entonces, que el personaje de Shame diga que, si pudiese escoger en qué época vivir, elegiría, sin atisbo de duda, los años 60.
El Brandon de Shame recuerda al Ben Draper de Mad Men. Detrás de la cuidada imagen de estos dos hombres se oculta el vértigo ante la inminente caída al vacío del sujeto masculino. Mujeriegos narcisistas incapaces de encontrar el amor.
La problemática a la que se enfrenta Brandon es el abismo entre el poder y el querer, la distancia que los separan es insuperable. No puede querer. En la primera ocasión que en el sexo aparecen sentimientos su miembro viril falla. Recordemos a Houellebecq: "el amor, fenómeno raro, artificial y tardío, solo puede nacer en condiciones especiales, que pocas veces se reúnen y que son de todo opuestas a la libertad de costumbres que caracteriza la vida moderna". [4]
Brandon está condenado. No hay salvación posible. Bret Easton Ellis tiene razón cuando escribe: Creo que ya no nos queda ningún sentimiento.
[1] Grønstad, Grønstad: Transfiguration: violence, death and masculinity in American cinema, Amsterdam University Press, 2008.
[2] Oloixarac, Pola: Las teorías salvajes. Alpha Decay, 2010, p. 94
[3] Bauman, Zygmunt: Amor líquido: acerca de la fragilidad de los vínculos humanos. Fondo de Cultura Ecónomica, Maadrid, 2011, p. 52
[4] Houllebecq, Michel: Ampliación del campo de batalla. Anagrama, Barcelona, 2006, p. 147