miércoles, 26 de diciembre de 2012

Una crítica a las críticas de Amour (2012) de Michael Haneke

Con Amour, algunos sectores de la crítica vuelven de nuevo con la prohibición de ciertos actos y temas en el cine; con la imposibilidad de representarlos; con la inmoralidad de ciertos directores por hacerlo. Aunque estamos en el 2012, parece que algunos desearían implantar un nuevo código Hays en el cine. Ya saben: "Los temas siguientes deben tratarse con la mayores precauciones...". Me refiero, en concreto, a un texto en donde Fernando Ganzo (en su crónica de Cannes 2012 para la revista Lumiere) escribía sobre el último film de Michael Haneke. Ganzo crítica la película por su excesiva "frontalidad":

Y la película es frontal con lo que no debería serlo: la muerte. Heráclito decía que ni el sol ni la muerte pueden mirarse de frente. Al hacerlo, Haneke la banaliza. Los sentimientos, por su parte, sólo pueden ser vistos, igualmente, de través. Schubert lo comprendió perfectamente son sus últimas sonatas, con su distanciada aceptación, melancólica, de la tristeza y el dolor que implica el irremediable caminar hacia el final de la vida (de la suya propia, concluida entre terribles sufrimientos). Haneke acude a su música como quien busca auxilio y los personajes se salvan espiritualmente en ella casi tanto como se condenan a la banalidad en la mirada del cineasta. (1)

La crítica que Fernando Ganzo hace a la película de Haneke se inscribe dentro de una línea de pensamiento, tan extendida como irracional y dogmática, según la cual, la imagen ha de evitar representar ciertas cuestiones de manera directa; que algunos temas exigen una representación especial, una mirada moral; que todo lo real no es soluble en lo visible.

Pensemos en aquel famoso texto de Jacques Rivette sobre el travelling de Kapo y el cadáver de Emmanuel Riva encuadrado en contrapicado en la alambrada. Ese "De la abyección", citado hasta la náusea siempre que se habla de la moralidad de la imágenes, esconde, detrás de su ética prescriptiva (y restrictiva), una clara postura hostil contra la representación de la realidad por las imágenes, y que en la cultura occidental tiene una larga tradición. Una línea de pensamiento que comienza con Platón se extiende con el judaísmo, y que en la modernidad, aunque por motivos diferentes, reaparece con fuerza gracias a las figuras de Adorno, Braudillard, Lazmann, Pagnol y Wajcman. Todos muestran la misma desconfianza hacia las imágenes. Adorno señalaba que la imagen tenía una función embriagante y alienadora; Baudrillard, que por culpa de la imagen ha desparecido lo real; y según Lazmann, Pagnol o Wajcman la imagen no puede dar cuenta del horror de los campo de concentración. Ganzo,y compañía, nos vienen en pleno siglo XXI con que la imagen no puede representar la muerte.

¿Hay temas representables y temas no representables? ¿Es la muerte algo que no debe representarse mediante las imágenes? El tema de lo irrepresentabilidad tiene un origen teológico claro: el nacimiento del monoteismo, Moisés condenado los falsos ídolos (Jean Luc-Nancy habla de ello en La representación prohibida). Sin embargo, la idea de que la muerte no se puede representar a través de la imagen es insostenible (como también lo es que no se puede representar el holocausto). Podíamos citar el estudio de Régis Debray: Vida y muerte de la imagen, en donde queda clara la relación que siempre ha existido entre la imagen y la muerte.

El nacimiento de la imagen está unido desde el principio a la muerte. Pero si la imagen arcaica surge de las tumbas es como rechazo de la nada y para alargar la vida. La plástica es un terror domesticado. De ahí que, a medida que se elimina a la muerte de la vida social, la imagen sea menos viva y menos vital nuestra necesidad de imágenes (2). 
Lo que parece, es que el único que no puede "ser frontal", por causas que se me escapan, es Michael Haneke. Porque, ¿acaso no son frontales películas documentales como La sangre de las bestias, The act of seeing with One´Eyes, El relámpago sobre el agua, La trilogía de Fontainhas, Letter from Yellow Cherry Blossom o la reciente Three Sister? Frontales con la muerte, la enfermedad y la pobreza. Temas que para algunos exigen un régimen especial de la representación. ¿Son inmorales estas películas? ¿No es frontal, también, Lisandro Alonso cuando, respetando los principios bazinianos, nos muestra cómo Vargas da caza y degolla a un carnero en la selva? ¿No es frontal con el sexo Catherine Breillat en Anatomía del infierno? ¿No es frontal con la violencia Koji Wakamatsu en muchas de sus películas? ¿Es más frontal Haneke que estos directores? Por supuesto que no. 

Aunque Fernando Ganzo no cite a Rivette, detrás de su crítica a "la frontalidad" de Amour resuena la crítica que el cineasta francés hacía a la película de Gilles Pontecorvo. En el texto aludido, Jacques Rivette escribía: "Hay cosas que deben ser abordadas desde el temor y el temblor: la muerte es una de ellas". Para Ganzo, y para muchos otros, la muerte se parece a la Gorgona, si uno la mira de frente corre el riesgo de convertirse en piedra. La explicación sería que la imagen siempre realiza una espectacularización de lo real, por lo tanto, solo puede representarse mediante eufemismos, elipsis, ausencias, es decir, solo podemos afrontar la muerte, lo real, mediante espejos. El artista debería, entonces, intentar emular la gesta de Perseo. La muerte, según el comentario de Ganzo, necesita ser mediatizada por algo exterior a ella, no puede ser afrontada de manera directa: "Heráclito decía que ni el sol ni la muerte pueden mirarse de frente". Recordemos a Clément Rosset cuando en Principio de crueldad señala que lo real es insuficiente y cruel: "La realidad solo podría ser tenida en cuenta filosóficamente mediante el recurso a un principio exterior a la realidad misma (Idea, Espiritu, Alma del mundo, etc.), destinado a fundamentarlo y explicarla, incluso justificarla"(3). La realidad necesita de la apariencia para ser representada. Las imágenes artísticas serían aquellas que, en palabras de Didi Huberman, "nunca lo muestran todo sino que saben mostrar la ausencia desde el no-todo que constantemente nos proponen"(4). Ésto sería el resumen de la crítica que algunos hacen a Amour

No obstante, la película de Haneke, en primer lugar, no es un documental sino una ficción. Por lo tanto, ya no estamos ante la realidad en crudo sino ante una representación. Pero, como señalaba Bill Nichols, "la diferencia entre una representación ficticia de la muerte y un registro de un suceso histórico de la muerte en sí es profunda. Se nos hace testigos de algo que no se puede ver literal ni metafóricamente. Nichols también comparte la idea de la muerte como irrepresentable, aunque matiza las diferencias entre una muerte ficticia y una muerte real. El autor cita un texto de Vivian Sobchak donde ésta señala que: "la muerte en la ficción es representada principalmente a través de signos icónicos y simbólicos no nos incita a inspeccionarla[...] La muerte en la ficción se experimenta como algo visible. Mientras que en  las películas documentales "se experimenta como una representación confusa que va más allá de la visibilidad" (5).  Amour exploraría la muerte, entonces, como algo visible con la intención de confrontarnos con un hecho que ha desparecido por completo de nuestra experiencia diaria. La enfermedad y la muerte son los grandes tabús de una sociedad que venera y publicita la salud y la juventud como los grandes valores. En Amour, no hay ningún exceso de realidad (por mucho que nos incomode ver el deterioro de Anne), ninguna banalización del sufrimiento y ninguna romantización de la muerte al estilo Mar Adentro. A no ser que la enfermedad, la vejez o el tema de la muerte digna molesten a ciertos sectores de la crítica, Haneke no incurre en ninguna "abyección". El problema, como señalaba Jacques Rancière, en un texto incluido en El malestar de la estética, donde hablaba sobre el giro ético de la estética, no es sí se puede o sí se debe o no representar, sino saber qué es lo que se quiere representar y qué modo de representación debe elegirse. 

Haneke no edulcora ni embellece la enfermedad de Anne. Tampoco nos ahorra la virulencia y la incomodidad de tener que presenciar el acto de amor más terrible que uno puede llegar a cometer. Haneke podía haber cortado la escena, es cierto. Ése parece ser el principal motivo por el cual, el sector más pacato de la crítica, lo tilda de inmoral y de obsceno. Sin embargo, ¿dónde comienza el cine y dónde termina la obscenidad del acontecimiento? Las casualidades del cine quieren que de nuevo sea el cadáver de Emmanuel Riva el que reabra este debate.



(1). http://www.elumiere.net/exclusivo_web/cannes12/cannes12_05.php
(2) Dèbray, Regis: Vida y muerte de la imagen. Historia de la mirada en Occidente. Barcelona. Ediciones Paidos, 1994, p. 21.
(3) Rosset, Clement: El principio de crueldad. Valencia. Pre-Textos. 1994, p 17.
(4) Huberman, George-Didi: Imágenes pese a todo. Memoria visual del Holocausto. Barcelona. Ediciones Paidos, 2004, p 185.
(5)  Nichols, Bill: La representación de la realidad. Cuestiones y conceptos sobre el documental. Barcelona, Ediciones Paidós, 1997, p. 120.

5 comentarios :

Roberto Amaba dijo...

Hola, qué tal,

No creo en los tabúes representacionales, pero me suele interesar mucho la opinión de los que sí creen. En lo que sí "creo" es en la adecuación o la pertinencia de las formas. Siempre me ha parecido un gran tema sobre el que discutir. Precisamente hace poco he escrito una cosa pequeña sobre la estética del suicidio.

Y como bien indicas la primera cosa a tener en cuenta es la ficción, que muchos siguen sin saber diferenciarla de la realidad. En esos casos, cuando se junta el pensamiento religioso, la rigidez moral y el dogma posmoderno, apaga y vamonos.

El tema en el que quizá más me molesta esa falta de criterio o de medida en las formas es ¡el sexo! Horriblemente filmado a lo largo de toda la historia del cine.


Un saludo.

Horacio Muñoz Fernández dijo...

Qué tal Roberto. Muy de acuerdo con tu comentario. ¿Dónde publicaste lo de la estética del suicidio? Me interesaría mucho leerlo.

Estos fundamentalismos representacionales que algunos defienden para ciertos temas ahogan, en muchas ocasiones, la reflexión estética bajo el santo manto de la moralidad. Lo que más me molesta, sin embargo, no es que alguien crea en esos tabús y prohibiciones, sino que que algunos críticos apliquen el dogma moral a ciertos autores y no a otros sin ningún tipo de argumentación lógica. Lo gracioso es que con La cinta blanca escuche a un crítico de El amante decir lo mismo que Ganzo; pero esta vez se debía al uso demasiado evidente del fuera de campo :-)

Como bien señalas el problema sería de forma. A uno le puede gustar más o menos la película de Haneke estéticamente. A mí personalmente sí, pero decir que Haneke es un inmoral por ficcionar una muerte no tiene ninguna lógica en pleno Siglo XXI.

Ya lo he dicho en más de una ocasión: la defensa de tanto ascetismo estético y tanta rigidez moral hace que algunos críticos parezcan tan ridículos como Simón del Desierto resistiendo tentaciones encima de su columna. Y todos sabemos cómo acaba la película.

Un saludo Roberto.

Roberto Amaba dijo...

Eso del suicidio no ha salido todavía, es cuestión de meses. No es el mismo contexto pero una de las cosas que digo en él es que en los casos concretos de los que hablo no tiene sentido incorporar el célebre debate de Kapo.

Hay ocasiones en las que somos muy generosos con los directores, les atribuimos posiciones morales complejas y discursos elevados cuando la mayoría de las veces lo único que demuestran es ser más o menos torpes manejando las imágenes. Lo primero que hay que descartar siempre es que no se está ante un problema de incompetencia o de falta de destreza, y luego ya irse a por la moral o lo que sea.

Un saludo

manipulador de alimentos dijo...

Haneke vuelve a cambiar de registro. Con 'Amour' vuelca su mirada a la vejez y el derecho de morir en paz. Los actores, fantásticos. Un saludo!

Nacho dijo...

muy acertada tu reflexión, se te llena la boca de referencias cultas y citas intelectualoides. Pero te sirve de algo escribir sobre cine tan minoritario que no ve nadie? esa es mi cuestión porque yo en mi blog no escribo nada, tan sólo comparto los links de este tipo de películas para que la gente pueda acceder a ellas. que creo que es algo que hace falta en este país: hablar menos y facilitar el acceso a la cultura al pueblo. un saludo