jueves, 4 de octubre de 2012

Embriagado de amor (Punch-Drunk Love, 2002) Paul Thomas Anderson

La locura amorosa.

Te deseo que seas locamente amada”.
Andre Breton

“La locura amorosa es la única locura que no se ve,  ya que está envuelta en una ganga 
cultural”.
Roland Barthes


Ya Platón en Fedro, a través de la palidonia de Sócrates, veía a Eros como Manía. La bondad del amor estaba en la capacidad del enamorado de estar "éntheos", fuera de sí, porque al estar poseso el individuo se elevaba por encima de sí mismo. Embriagado de amor (2002) de Paul Thomas Anderson apunta a esta idea del amor como enajenación transitoria o locura. Decía Barthes que: “podríamos imaginar una  novela en la que no se narrase ninguna historia de amor, pero que el amor se enunciará de forma indirecta” [1]. Embriagado de amor consigue esto a través de una estupenda banda sonora original de John Brion, y unas situaciones absurdas que transmiten una sensación de enrarecimiento e irrealidad con las que Anderson busca representar el estado báquico en el que se encuentra el sujeto enamorado[2]. Desde que comienza el día en la vida de Barry Egan sabemos que algo está fuera de lugar, si no ¿quién se deja un harmonium tirado en medio de la carretera? 


La mirada del otro sobre el sujeto enamorado es siempre auténtico viaje a la locura. Por este motivo, los irracionales comportamientos de Barry se van acentuando, y las situaciones que lo rodean se vuelven, si cabe, más extrañas. Su nuevo traje azul llama la atención hasta de su propia hermana: “lleva ese maldito traje azul de nuevo... no sé porque lo  lleva” le dice a Lena. Y es que Barry no se viste así normalmente. Él tampoco parece saber el motivo por el cual se lo ha comprado ni por qué se lo ha puesto. Cuando su hermana le pregunte por qué lo lleva sólo podrá contestar: “no lo sé”. Sus comportamientos resultan raros hasta para él mismo. Nadie entiende para qué demonios ha comprado cientos de cajas de Budín, aunque él piensa que ha encontrado un fallo en  la propaganda publicitaria y podrá viajar en avión gratis, toda su vida. En un momento de soledad Barry decide llamar a una  línea erótica para entablar conversación con una mujer que pertenece a una mafia que acabará acosándolo y extorsionándolo para que les dé dinero. Durante toda la primera parte de la película, Barry estará bajo los influjos del amor, pero como decía Platón el enamorado no comprende “de qué está prendado; y ni sabe qué le ocurre y tampoco puede explicarla” [3].Y eso parece ser lo que le está ocurriendo a Barry. Por eso intenta ocultar y justificar frente su amada, Lena, su locura: “no he pedido ningún psiquiatra, debe haber sido otro y ese budín  no es mío y ando con traje porque tuve una cita muy importante esta mañana”. Cuando, después de abandonar el  apartamento de Lena, Barry se decida a volver, tardará en encontrar la puerta. Anderson nos muestra la desorientación mental del protagonista a través de un espacio que ahora se nos representa como un laberinto. Cuando encuentre la puerta, besará y abrazará a Lena por primera vez,  y como dijo el poeta Pedro Salinas: “En el beso, en el abrazo de Lena pensaba: revelación le fueron, no del amor de ella, sino de su propio ser"[3]. Y Barry, el desorientado loco enamorado, reconoce al fin lo que le pasa: “no me vuelvo loco muy a menudo”. 

[1] BARTHES, Roland: El discurso amoroso, “Seminario en la École des hautes études en sciences 
sociales 1974-1976”. Madrid, Paidos, 2011
[2] Platón veía que el alma del enamorado se encontraba como en un estado de embriaguez. Efecto al que 
alude el título de la película. 
[3] PLATÓN: Fedro. Madrid. El País, 2010.
[4] SALINAS, Pedro: Narrativa completa, Barcelona, Barral, 1976, pag. 247. La cursiva es modificación 
propía.

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