lunes, 23 de abril de 2012

Noir; Robert Coover


Deconstrucción génerica y metanarrativa.

Escribía Hal Foster que: "un posmodernismo resistente se interesa por la deconstrucción crítica de la tradición, no por un pastiche instrumental de formas pop o pseudohistóricas, una crítica de los orígenes, no de un retorno a éstos. En una palabra trata de cuestionar más que de explorar códigos culturales". El problema es que esa presunta deconstrucción crítica ya ha sido tan utilizada que ha acabado por convertirse en un "pastiche deconstruccional". Esto es, básicamente, lo que me ha transmitido Noir de Robert Coover; una novela negra posmoderna que juega con los clichés asociados al género de manera muy autoconsciente y con aires de parodia pero que, sin embargo, su propio acto de deconstrucción, revisión genérica y metanarrativa acaba dejando un regusto a tópico posmoderno. Porque la propuesta de Coover consiste en una novela negra narrada en segunda persona que es consciente de que esa historia ya se ha contado muchas veces: "De que te metan en historias que ya se han contado sabes la tira" dice el narrador. Philip M. Noir, el detective protagonista de la novela, es evidentemente un trasunto de Philip Marlow que se sabe encerrado dentro del universo del cine negro clásico. Un detective privado que se inspira en todos los tópicos del hard-boyled: duro, solitario, cínico, violento y marginal, pero al que le falta el glamour de Hamphrey Bogart y la conciencia moral de Philip Marlowe; Noir no es más que un desmantelaje del arquetipo de detective clásico. La propuesta de Coover tiene algo de posmodernismo trasnochado,  como si no hubiesen existido las obras de Jean-Luc Godard (Al final de la escapada, 1959), Robert Altaman (El largo adiós, 1978),  Quentin Tarantino (Pulp Fiction, 1994), los hermanos Coen (El gran Lebowski, 1998) o la serie Los Soprano. Sin embargo, si por algo se ha conocido a Robert Coover es por su maestría para reescribir la tradición cinematográfica y el desvelamiento del inconsciente del cine clásico (Sesión de Cine o tócala de nuevo Sam). Por este motivo, Eloy Fernández Porta señalaba que: el tratamiento más concienzudo de la relaciones entre cine y literatura en relato breve le corresponden al escritor norteamericano. No hay duda de que con Noir, Robert Coover, ahonda de nuevo en estos vínculos, pero esta deconstrucción de la mitología del detective y del universo del cine negro con aires metanarrativos en pleno siglo XXI, por desgracia, me sabe a "ya visto y ya leído" en demasiadas ocasiones.

"Esa viuda que te obsesiona no es la primera vez que te agarra de las pelotas y te arrastra a una enmarañada intriga que tú no has concebido. Pero aunque la historia te resulte familiar y conozcas el final, es difícil escapar de ella. Como apearse de un tren lanzado a toda velocidad. Todo el mundo va en ese tren. Nadie es original. Estar obsesionado es como sobreactuar en un melodrama convencional mientras los demás actores, que han tenido suerte, hacen de simples figurantes. De modo que no se trata de la historia en que estás atrapado, como todo el mundo, sino, una vez que sabes eso, de cómo vas a interpretar la obra. Tu estilo. Clases. Los pasos que des. Siguiendo el ritmo con los pies, como decía Fingers. ¿Cuánto tiempo importará eso? Mientras vivas. Es decir: no mucho"

Noir es una novela negra que no es una novela negraNoir es casi una anti-detective story. Este término fue acuñado por William Spano para: "referirse a la imaginación literaria posmoderna y por tanto a toda la escritura posmoderna, a la que caracterizaba por su negativa a cumplir las expectativas del lector y a crear ficciones con un principio, un desarrollo y un fin y por su ataque a la creencia occidental de que la naturaleza es susceptible de ser explicada racionalmente". Si el investigador clásico era capaz de resolver el misterio que se le presentaba, el investigador (pos)moderno parece incapaz de ordenar las pistas, la realidad es demasiado caótica, y si lo consigue, el descubrimiento de la verdad no satisface las expectativas creadas. La investigación se separa de los resultados. A Coover le interesa más las digresiones, la atmósfera y el espacio que la propia historia o el misterio sean resueltos por parte del investigador. Un detective que ni tan siquiera sabe el nombre de la femme fatale que lo contrató, y que sólo piensa en beber y en dar rienda suelta a sus propias fantasías necrofílicas. Por eso, al final de Noir descubrimos que Philip M Noir está más cercano al personaje de James Stewart en Vertigo que al Hambrey Bogart del Sueño Eterno. Un detective que ha estado persiguiendo un fantasma metaficcional por los bajos fondos y los callejones oscuros.

Cuando acabé la novela, recordé el último relato de La niña del pelo raro de David Foster Wallace "Hacia el oeste, el avance del imperio continúa". En este extraordinario y largo relato— crítica a la novela posmoderna metaficcional— el personaje de Mark preguntaba  ¿Consciente de sí mismo hasta extremos talmúdicos? No, Mark, Noir no es consciente hasta esos extremos de los que hablas; su conciencia metanarrativa y su reescritura genérica está más suavizada que en otras propuestas más solpsistas. Resulta llamativo que Thomas Pynchon y Robert Coover, dos de los máximos exponentes del posmodernismo literario, realicen con sus dos últimas novelas sendas reescrituras del imaginario "negro".  

No hay comentarios :