sábado, 24 de marzo de 2012

Paseos con mi madre; Javier Pérez Andujar

En el 2007, el antropólogo urbano Manuel Delgado publicaba La ciudad mentirosa: fraude y modelo del modelo Barcelona. En este ensayo, Delgado realizaba una implacable crítica contra las prácticas urbanas y arquitectónicas que las autoridades políticas venían practicando en la ciudad condal en los últimos años; y que, según Delgado, eran, en gran medida, continuación y ejecución de las aspiraciones del modelo urbano que comenzó en el franquismo, cuando José María Porcioles era alcalde de la ciudad: "¿Quién iba a decir que aquella ciudad completamente postrada a los intereses capitalistas en materia urbana que acabaría haciéndose realidad, pero no gracias a la brutalidad de un régimen fascista, sino a la legitimidad democrática?"(p.30) Para Delgado lo que la transición democrática supuso en materia urbanística para la ciudad de Barcelona podría resumirse con el famoso lema lampedusiano: que todo cambie para que todo continúe igual. El motivo se debe a que en realidad los verdaderos rectores del urbanismo barcelonés nunca han sido los dirigentes políticos "sino los grupos empresariales, grandes bancos y sagas familiares- incluso personas individuales- que habían venido siendo siendo los mismo a lo largo de las últimas décadas en algunos caso desde la etapa franquista" (p.36). Una Barcelona, que al igual que otras muchas ciudades del mundo, se ha plegado a los intereses del capital y el mercado, y se ha convertido en un lustroso escaparate ideado para el consumo inmediato de los miles de turistas que viajan a la ciudad para ver lo que ya antes han visto en las guías;  la imagen de un decorado cinematográfico idílico, donde nada ni nadie perturbe el orden y tranquilidad necesaria para que las compras y el consumo se sucedan de manera engrasada; simulacro urbano en el que se han desarrollado todo tipo de prácticas cosméticas e higienizadoras para convertir a la ciudad en una top model que cotice alto en la pasarela turística.

Aludo al ensayo de Delgado y a su crítica al modelo Barcelona promocionado desde todas las instancias porque en Paseos con mi madre Javier Pérez-Andujar no hace más que plasmar, a través de sus experiencias y recuerdos, el fracaso urbano de una Barcelona hecha para el disfrute de aquellos que pueden pagarla.
Nadie pertenece a Barcelona por el mero hacho de vivir en ella, ni siquiera de haber nacido en la ciudad. En Barcelona se está en el cuarto de invitados durante un par de generaciones, y luego ya se accede al cuarto de servicio. Porque de Barcelona solo se es por familia y por dinero, en riguroso orden.
Una ciudad que, como dice Andujar, solo tiene de democrática el nombre de sus calles. Una ciudad que vive de espaldas a su gente y a sus vecinos porque no siente nada por ellos. Una ciudad para las élites y los turistas. El desarraigo que nos relata Andujar es el sentimiento de una persona que vivió en la periferia de Barcelona, en el barrio obrero de San Adrián de Besos (formado mayoritariamente por inmigrantes españoles de fuera de Cataluña) y que nunca consiguió sentirse de Barcelona. Una ciudad que contemplaba desde la distancia y en la que siempre se sentirá extraño. El sentimiento de vivir en un sitio y nunca llegar a pertenecer a él, porque intentar pertenecer a Barcelona viviendo en Besos, era como intentar tocarse el codo con la mano del mismo brazo. Andújar recuerda su vida en el barrio de Besos, desgrana sus experiencias en la Barcelona de los 70 y los 80 con cierto tono melancólico, y lo hace convirtiendo los recuerdo y la memoria de aquella Barcelona en la crónica de la decadencia urbana de una ciudad moderna tardocapitalista. Los cambios que comenzaron a producirse en aquellos años en la ciudad condal han dado como resultado la moderna Barcelona del siglo XXI:
Tenemos así que la Barcelona de principios de siglo XXI es lo que lleva siendo desde que decidió hacer de ella de una ciudad moderna: usurpación capitalista de la ciudad, expresada, como siempre en clave de especulación masiva; terciarización, esto es puesta al servicio de los requerimientos de la técnica y del mercado; [...] apoteosis de postulados monumentalistas y grandilocuentes, a través de los cuales las instituciones políticas aspiran a obtener una legitimidad que no alcanzan por su trabajo. (Delgado p.17)
A lo que podemos añadir las palabras de Andújar:
En los años en que parecía que ya todo se había ido a la mierda y lo único que ocurría es que todo se estaba yendo a la mierda. Queriendo ser una ciudad cojonuda, Barcelona va quedarse en una ciudad priápica con la escayola del Kike, el monumento de Miró en el antiguo matadero y la torre de la compañía del agua de Nouvel. (p.85)
No era una paisaje lo que estaba desmantelando, era una época, y yo me sentiré más lejos de Barcelona que de esa época. (p. 176)
En Barcelona, desde hace años, se ha producido una eliminación sistemática del pasado industrial de la ciudad, un borrado de cualquier vestigio de lucha de clases o pasado obrero. Un caso emblemático, que relatan Josep María Montaner y Zaida Muxi en su libro Arquitectura y Política: Ensayos para mundos alternativos, es el  conjunto fabril del Can Ricart de Poblenou iniciado en 1853.
Con más de 150 años de funcionamiento, hasta junio del 2005 estuvo en plena actividad y contaba con 250 personas entre pequeños empresarios, artesanos y obreros. A pesar de todo ello, estaba prevista su casi total destrucción y, aunque se produjo mucha resistencia, se acabó desalojando a todos sus trabajadores rompiendo las redes y lazos entre la gente y el lugar, destruyendo talleres artesanales y de reparación básicos para el entorno y mutilado un patrimonio industrial de valor único que, junto a Can Batlló de la Bordeta, constituyen los únicos conjuntos industriales decimonónicos que aún siguen  en pie.
Andújar pertenece más a un paisaje que a un país, y parte del impulso que guía el libro es el de dejar constancia de aquel (paisaje) pasado obrero e inmigrante; de las conquistas de la democracia y cómo éstas se han ido esfumando y cómo los políticos han ido traicionando en materia urbanística lo ideales por los que lucharon. En paseos con mi madre se funden la concepción del paisaje entendida como representación mental que parte de un sujeto individual: los recuerdos y sentimientos que el escritor tiene asociados al barrio de Bésos y a una época. Pero también, el paisaje entendido como realidad objetiva y material producida por el hombre. Por eso el libro de Andújar me recuerda a películas como Of time and the City (2008) o My Winnipeg (2007). El paisaje de la ciudad como un palimpsesto donde se funden lo subjetivo: recuerdos, sentimientos, emociones y lo objetivo: lo material, lo social, la historia. Andújar seguramente comparta estas palabras de Terrence Davies al comienzo de su fabulosa Of time and the city: "Amamos el lugar que odiamos, después odiamos el lugar que amamos; dejamos el lugar que amamos, después pasamos toda una vida intentando recuperarlo".

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