Representación de un texto.
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| Evocación del cuadro de Fussili en la marquesa de O. |
La marquesa de O está basado en un relato corto del autor alemán Henrich Von Kleist perteneciente al movimiento del romanticismo alemán. Rohmer no intenta adaptar la obra de Kleist, sino que lo que persigue es una marcada fidelidad al texto del autor; lo que Rohmer filma, como el mismo afirma “no es una puesta en imágenes, sino la representación concreta de personajes dejados a la imaginación del lector. No filmo historias sino a personas que cuentan historias y en La marquesa de O… lo que filmo es una historia narrada por Kleist”[1].
Todo el cine de Eric Rhomer hace gala de una marcada tendencia hacia la objetividad y la invisibilidad de las formas, una constante búsqueda para intentar suscitar la invisible a partir de lo visible y un respeto escrupuloso hacia los personajes que pueblan sus “ficciones documentales”. ¿Qué es, entonces, lo que le atrae a Rohmer del texto de Kleist? “el narrador se prohíbe toda mención a los pensamientos íntimos de los héroes. Todo es descrito desde el exterior, contemplado con la misma impasibilidad que por el objetivos de una cámara”[1]. Está distanciación que Rohmer visualiza en la obra de Kleist es la misma que el gran momo ha buscado en todas sus películas.
Todo el cine de Eric Rhomer hace gala de una marcada tendencia hacia la objetividad y la invisibilidad de las formas, una constante búsqueda para intentar suscitar la invisible a partir de lo visible y un respeto escrupuloso hacia los personajes que pueblan sus “ficciones documentales”. ¿Qué es, entonces, lo que le atrae a Rohmer del texto de Kleist? “el narrador se prohíbe toda mención a los pensamientos íntimos de los héroes. Todo es descrito desde el exterior, contemplado con la misma impasibilidad que por el objetivos de una cámara”[1]. Está distanciación que Rohmer visualiza en la obra de Kleist es la misma que el gran momo ha buscado en todas sus películas.
La puesta en escena que Rohmer realiza en la película es una minuciosa representación de la puesta en escena decimonónica. Rohmer y Nestor Almendros han buscado sus referencias en la producción pictórica del siglo XVIII y principios del XIX, para dotar de la mayor autenticidad y similitud a la película con el testo original. Los encuadres, los colores, la iluminación y la gestualidad exagerada de los personajes están claramente influenciados por los cuadros Jacques Louis David , El juramento de los Horacios (1784) o Jean Baptiste Grueze, El hijo castigado(1778).
Esta búsqueda de referentes pictóricos para dotar a la película de una mayor fidelidad histórica, también la había realizado unos años antés por Stanley Kubrick en Barry Lyndon (1973) con la pintura inglesa del siglo XVIII: Reynolds, Gainsborough, Constantable … Aunque realmente lo que Kubrick acababa haciendo es una representación de la representación que los cuadros hacían de la sociedad inglesa de en el siglo XVIII.
Sin embargo, hay un cuadro La pesadilla de J.H Füssli , que está reproducido de una manera bastante fiel en la película, y que además funciona como afirma Pascal Bonitzer como una metáfora visual de una elipsis narrativa. Una manera muy inteligente de utilizar un referente pictórico concreto, para sugerir de forma velada, un acto que queda fuera de la película, y que será el causante del conflicto al que tendrá que enfrentarse la marquesa, su embarazo. ¿Cómo puede ser ésto posible, sino conozco varón? Preguntaba atónita la Virgen María, al ángel Gabriel. Lo mismo que se preguntará la marquesa durante gran parte de la película.
Perceval el Galés es una obra extraña, netamente experimental y extravagante, pero al mismo tiempo única, interesante y atrevida, donde Eric Rohmer se enfrenta al mismo problema que en La marquesa de O, la representación de un texto literario en la pantalla. Pero si en la anterior obra la dificultad estribaba en acomodarse al modo de representación decimónonico romántico, con el que se quiera o no, uno está más familiarizado; en Perceval el Galés, la complejidad se acentuaba, debido a que el texto de Crethien de Troyes, Li Contes del graal , data del 1190.
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| Perceval, el Galés. Falta de profundidad de campo, escenarios irreales y gestualidad forzada. |
Y el hecho de que el sistema de representación visual del medievo sea tan ajeno a nosotros es lo que provoca un sentimiento de incomodidad, de extrañeza y de cierto anacrónismo, porque por mucho que el esfuerzo de Rohmer sea valiente y digno de admiración, la contemplación de una obra arte es siempre contemporánea. Como espectadores no podemos ver Las meninas de Velázquez, por ejemplo, como se vería en el 1656. Todo visionado es en presente, y el cine como dijo Serge Daney es un arte del presente. Esto no quita que el trabajo de Rohmer y Almendros sea realizado con acierto y suscite cuestiones fundamentales en torno a la representación y adaptación de un texto clásico al cine.
El experimento formal que Rohmer realiza en Perceval al enfrentar al espectador con un sistema representacional tan alejado como el de la Edad Media, tiene similitudes con el trabajo de Federico Fellini en El Satyricon (1969) en la cual el director italiano creaba unas composiciones que estaban influenciadas por los frescos romanos o los mosaicos bizantinos.
Puede parecer a simple vista que estas dos obras, por su carácter más estilizado y artificioso, están alejadas de la concepción austera y objetivista de la que ha hecho gala el cine del gran momo. Pero aunque los elementos formales sean mas evidentes y que se alejen del aspecto naturalista que muestra en sus "cuentos morales", la actitud de Rohmer al realizar las dos adaptaciones es la de la mirada del documentalista y el etnógrafo que aparece en el resto de su obra. Temáticamente La marquesa de O es una exploración sobre la moral subjetiva y la moral social y Perceval el Galés desarrolla a través de la mitología artúrica cuestiones relativas a la pérdida y búsqueda de la fe, ambos problemas tocados habitualmente por Rohmer en sus obras.
Las dos obras se han convertido, por derecho propio, en un punto ineludible de cualquier debate que gire en torno al Cine y Literatura o Cine y Pintura.
[1] citado en Heredero Carlos. F/ Satamarina. A, Eric Rohmer, pp 176, 177. Ed: Catedra
[2] Almendros, Néstor, Días de una cámara, pp 247 Ed. Six Barral
Puede parecer a simple vista que estas dos obras, por su carácter más estilizado y artificioso, están alejadas de la concepción austera y objetivista de la que ha hecho gala el cine del gran momo. Pero aunque los elementos formales sean mas evidentes y que se alejen del aspecto naturalista que muestra en sus "cuentos morales", la actitud de Rohmer al realizar las dos adaptaciones es la de la mirada del documentalista y el etnógrafo que aparece en el resto de su obra. Temáticamente La marquesa de O es una exploración sobre la moral subjetiva y la moral social y Perceval el Galés desarrolla a través de la mitología artúrica cuestiones relativas a la pérdida y búsqueda de la fe, ambos problemas tocados habitualmente por Rohmer en sus obras.
Las dos obras se han convertido, por derecho propio, en un punto ineludible de cualquier debate que gire en torno al Cine y Literatura o Cine y Pintura.
[1] citado en Heredero Carlos. F/ Satamarina. A, Eric Rohmer, pp 176, 177. Ed: Catedra
[2] Almendros, Néstor, Días de una cámara, pp 247 Ed. Six Barral




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