domingo, 19 de septiembre de 2010

Relámpago sobre el agua (Lightning Over Water, 1980) de Wim Wenders & Nicholas Ray


Wim Wenders no busca con Relámpago sobre el agua (Lightning Over Water) la espectacularización de la muerte de la figura mítica, enferma y moribunda del cineasta americano Nicholas Ray. La posición moral y respetuosa de Wenders frente al estado decadente y terminal de Ray lo aleja por completo de la inmoralidad y falta de escrúpulos del productor que interpretaba Harry Dean Staton en La muerte en directo (La mort en direct,1980), de Bertrand Tavernier; ya que éste decidía poner en marcha un novedoso reality que consistía en mostrar la progresiva degradación física y moral de  Katherine Montherhoe (Romy Scheneider), una supuesta enferma de cáncer, con una única finalidad: subir los índices de audiencia. Estas dos películas realizadas el mismo año muestran dos posiciones antagónicas en la representación de la enfermedad y la muerte. Una basada en el morbo, la banalización y la espectacularización del sufrimiento ajeno; otra, en el respeto, la confianza, el homenaje, el duelo y la ayuda: "La muerte, la muerte que siempre vuelve a comenzar y cuya omnipresencia es más poderosa porque se presenta como un escándalo en una sociedad sobremedicalizada y que no dispone ya de un sistema de sentido para afrontar y aceptar la última desaparición" (Lipovestsky), será sin duda la grabación de Relámpago sobre el agua y la compañía de Wenders la que dé la posibilidad a Ray de encontrarse consigo mismo y afrontar su inminente desaparición, hablar cara a cara de la muerte y con la muerte.

En esa especie de oxímoron que forma el título de una de las películas más conocidas de Wim Wenders:  Paris/Texas, se encuentra resumido de forma metafórica uno de los temas de Relámpago en el agua: el enfrentamiento y el encuentro entre cine europeo y americano; modernidad y clasicismo. Conviene recordar la famosa frase de François Truffaut: Nicholas Ray es el cine. Entonces, si Nicholas Ray es el cine, Relámpago sobre el agua será algo más que una película sobre la lucha contra la enfermedad y la aceptación de la muerte de un artista, como por ejemplo el precioso documental de Naomi Kawase: Letter from a Yellow Cherry Blossom (2003). Lo que el cineasta alemán quiere mostrar es la muerte del cine, de cierta forma de entenderlo y hacerlo, que se extinguirá con la desaparición del director de Los amantes de la noche (They Live by Night, 1949) o Rebelde sin causa (Rebel Without a Cause, 1955).

La voz en off de Wim Wenders, que puntúa toda la película, afirmará que tiene la sensación de estar matando a un padre. Esta especie de complejo de Edipo que nos desvela el cineasta alemán es un sentimiento latente en gran parte del cine moderno. La muerte de Ray significa la muerte del clasicismo, de la tradición, de una cierta idea de cine que a partir de los 60 en América comenzó a desaparecer, dejó de tener hueco. Godard lo mostró como nadie en El desprecio (Le mépris, 1963), con la mítica figura de Fritz Lang desplazada por los nuevos tiempos, convertido en un ser anacrónico. Lo mismo que le pasaría a Nicholas Ray después de que el productor Samuel Boston  lo apartara del rodaje de 55 días en Pekin (55 Days at Peking, 1962): Ray no volverá a rodar nada dentro de la industria de Hollywood. Si tenemos en cuenta que tres años antes de Relámpago sobre el agua Nicholas Ray interpretó en El amigo americano (Der Amerikanische Freund, 1977),de Wim Wenders, el papel de un artista que el mundo daba por muerto, podemos deducir el sentimiento que el director americano tuvo durante sus últimos años.

Los hijos modernos a la vez que se apartan de sus padres, muestran sus vínculos y lazos con ellos, ya sea bien para subvertirlos o bien para rendirles homenaje, porque la modernidad si pierde su lazo con el pasado se queda en moda. Wenders lo hizo en gran parte de su obra, no sólo con Nicholas Ray en Relámpago sobre el agua, también con Samuel Fuller en El amigo Americano o Yasujiro Ozu en Tokyo-Ga (1985)

La contaminación y oposición entre Paris/Texas, Europa/America, modernidad/clasicismo se hizo de forma palpable a partir de 1960. Mientras que los cineastas clásicos como Richard Brooks, Alfred Hitchock, Douglas Sirk, Vicente Minnelli o el mismo Nicholas Ray empezaban a mostrar las costuras y los pliegues del clasicismo, al mismo tiempo que éste se resquebrajaba, los modernos mataban al padre Hollywood pero guardaban vínculos con la tradición: ¿Qué sería de Godard sin Nicholas Ray, de Jacques Rivette sin Fritz Lang, de Claude Chabrol sin Alfred Hitchock o de Eric Rhomer sin Howard Hawks? El alumno alemán Wim Wenders sabe de la herencia que los clásicos dejaron a los modernos y  los vínculos que hay entre ellos, por eso rinde homenaje y duelo al maestro americano Nicholas Ray al mismo tiempo que éste se encuentra consigo mismo a las puertas de la muerte.

La película se articula en una constante oposición entre el documento y la ficción, entre el vídeo y el cine, entre lo espontáneo y lo preparado. La idea surge de forma inmediata tras una conversación telefónica, sólo tres días antes de que Wenders llegué a Nueva York, por lo tanto la película será una especie de work in progress que estará sujeto a la evolución de la enfermedad de Ray y a su progresivo deterioro. La voz en off de Wenders declara que no sabe hacia dónde van y que su única materia de rodaje es la realidad del día a día. Pero frente a las pulcritud de las imágenes en 35 mm se contrapone lo instantáneo y lo rugoso de las imágenes en video que muestran los entresijos de la grabación, la preparación de ciertas tomas y los diálogos y conversaciones off record.

2 comentarios :

Sandia dijo...

Me gusta mucho éste artículo.
Gran película.
El cine es Ray.
Es muy cierto.

Abrazo.
Malena.

Anónimo dijo...

Hola, me parece muy interesante el artículo.
¿Es posible que compartas bibliografía sobre el tema?
Un saludo!