DESGRACIADesde el momento en el que pude leer algo del laureado Coetzee, tuve la impresión de que la mayor parte de sus novelas, por no decir todos sus trabajos, podrían estar condensadas, unidas, presentes en una única. La prosa del autor africano actúa como un corresponsal de guerra, un cronista, como un travelling literario que nos muestra la situación de una Ciudad del Cabo, incluso de, por qué no, una Sudáfrica que vive entre dos tiempos. Las novelas analíticas que escribe Coetzee describen de una manera casi inconsciente el trance que sufre la tierra natal del autor.
En Desgracia, David Lurie es un profesor de universidad de 52 años que cuenta con dos fracasos matrimoniales y que se acuesta con una alumna, Melanie. Entre otras cosas, Lurie le dice a Melanie: "La belleza de una mujer no le pertenece solo a ella. Es parte de la riqueza que trae consigo al mundo, y su deber es compartirla." Cuando todo sale a la luz, el profesor se verá en medio de una situación que lo supera: disculparse en público o abandonar la docencia. Con todo, este abandona la universidad en medio del escándalo y decide irse a vivir al campo con su hija Lucy. Allí se encontrará con diversos personajes correctamente definidos como pueden ser Petrus, vecino y ayudante de su hija o Bev Shaw. Una tarde, tres hombres entrarán en casa de Lucy y, después de prender fuego a su padre, la violarán a ella. Fruto de esta violación, Lucy quedará embarazada.
Lurie, después de que el escándalo saliera a la superficie, se justifica por medio de un deseo incontrolable, inexplicabe y muy intenso. Los hombres quedan reflejados de una forma casi animal: Lurie es un hombre que se mueve por sus deseos de tipo sexual y que encuentra una especie de refugio en el placer carnal, de ahí su pasión hacia las prostitutas como Soraya. Reseñable es que durante la novela existe una presencia casi omnipresente de los animales, en concreto, de los perros. David Lurie ha vivido como un perro.
En una sociedad en la que el arrepentimiento y el perdón deben ser humillaciones públicas; en una sociedad en la que el lenguaje se ha convertido en algo sucio, impuro y pervertido, ¿qué es lo que queda? ¿no es esto una muestra de que la sociedad empieza a hacer aguas?
Cuando Lucy, amante de los animales, independiente y asexuada, es víctima de la violación, deciden denunciar ante la policía únicamente el robo del coche y de diversos elementos materiales de la casa (de algún modo, Lurie se siente obligado por la relación paterno-filial). Su padre, un antiguo erudito, no la comprende: "No puedes ponerte en mi situación". Así, el padre aparece como una perturbación en el equilibrio y la paz de Lucy.
En un determinado momento de la historia se descubre que Petrus, un personaje que logra suscitar una inaudita repulsión ante Lurie y que este mismo transmite al lector, es "padre" de uno de los violadores. Nadie dice nada, "todo ha sido una 'equivocación' pero ahora las cosas están bien".
¿Por qué Lucy no denuncia la violación? Lucy, una mujer blanca, es víctima de dos tiempos: tiene que pagar por los errores cometidos de los blancos en el pasado. Debe pagar por todas las atrocidades que hicieron con los negros. Ahora, para equilibrar la balanza, la violencia tiene una justificación. Es aquí, en esta figura, donde Coetzee hace una reflexión, una vez más, sobre el apartheid.
Lurie, muy lejos ya no solo de comprender, sino de aceptar lo que está sucediendo, decide evadirse de algún modo ocupado en diversas tareas como trabajar de ayudante en una clínica donde se matan a los perros abandonados sean jóvenes, viejos o cojos, o escribiendo una ópera sobre la vida de Byron y una mujer llamada Teresa. David ya no es más que un pobre viejo incapaz de cambiar, y no le queda otra que asumir la decisión de su hija a no abortar (la primera vez ya lo hizo, ésta vez no está dispuesto a pasar por ello)
Lucy asume que tendrá que convivir con el violador y no decir nada: “Estoy dispuesta a lo que sea, a cualquier sacrificio, con tal de conseguir la paz”.
Ésta sociedad cerrada, rural, machista, racista, hipócrita y que da protección a un criminal quizá no diste tanto de una realidad que se puede ver en este país. ¿Es que estamos obligados a pagar por los errores que cometimos? ¿Está justificado el odio y la violencia por los daños causados?
La paz sí, pero no a cualquier precio.



